Para hacer bien el amor hay que venirse al sur, cantaba Rafaella Carrá. Les juro que yo no fui a eso, pero amor sí que encontré. Amor por la lectura y por la escritura. Como el Tolito de la canción de Sabina, he descubierto el arte y el placer de ir rodando de feria en feria. Primero fue la de Málaga, con un público tibio que halló su contrapunto en la calidez de los colegas escritores que compartieron charlas, juergas, comidas y firmas con servidor.
Aquí abajo, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Jorge Magano, Patrick Ericson, Fedra Egea, Jerónimo Tristante y Pilar Sánchez-Garnica.
Una semana después, tocó Sevilla. Esta vez la organización y el público eran otra cosa. La gente que pasaba ante las casetas, lo hacía para ver (e incluso comprar) libros, y la firma fue bastante exitosa.
Además tuve la oportunidad de presentar FABULAND en el incomparable marco renacentista de la sala El Apeadero del ayuntamiento. Como maestro de ceremonias, mi amigo el escritor José Ángel Muriel, que diseccionó mi novela con cariño y admiración. Las mismas que yo le profeso a él.
El fin de semana del 20 al 22 de marzo tuvo lugar un hecho insólito.
Al sur de un país que no lee, un puñado de escritores, lectores y público en general se congregó en torno a un demencial proyecto de nombre tan lúcido como obvio: Mejor con un Libro.
La asociación presidida por el ilustre Juan Ramón Gálvez pretende llevar el hábito lector por toda la geografía andaluza, sin desdeñar la posibilidad de sacarlo fuera de sus fronteras, llegando a sitios como Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana e incluso Astorga y la Marca Hispánica.
En el acto de presentación de la asociación participaron numerosos escritores que actuaron como padrinos, entre ellos yo mismo, que tuve el honor de firmar el libro inaugural al lado de autores de la talla de Jerónimo Tristante, Pedro de Paz, Marta Querol, José Ramón Biedma, Olalla García, Miguel Angel León Asuero, Eva Pérez, Paloma Sánchez-Garnica, Patrick Ericson, José Angel Muriel, David G. Panadero, José L. Baca y Félix G. Modroño.
Fue un acto interesante que contó con la participación del público y que dio el pistoletazo de salida a las actividades del día siguiente, que comenzaron con un cuentacuentos en la Fnac de Málaga, donde servidor prestó su voz a una de las dos historias escritas por Eva Pérez que fueron allí narradas, siendo la otra contada por su propia autora.
La siguiente actividad me tocó de cerca: presentación de FABULAND en la Librería Luces, con un padrino de excepción: Patrick Ericson. No me olvido de que antes tuvo lugar en la misma librería una interesante conferencia sobre asesinos en serie de la mano de Francisco Pérez Fernández, pero no sería justo comentarla ya que durante buena parte de la misma, Patrick y yo estábamos quitándonos los nervios a base de lingotazos de Pedro Ximénez. Sin embargo, por la parte que pude oír y a juzgar por los comentarios de otros compañeros, la exposición fue notable y bien preparada. Lástima que el ponente no pudo finalizarla porque se echaba el tiempo encima y la juventud venía empujando.
A la tarde (no ¡hala, qué tarde!, que también) tuvo lugar otra actividad que bajo el título "Tengo una respuesta para ti" nos llevó de nuevo a la Fnac, donde los autores tuvimos ocasión de charlar con nuestros lectores y firmar libros. Algunos firmaron mucho empleando técnicas de marketing agresivo. A otros, en cambio, nos bastó con nuestro natural encanto... para firmar menos. Aunque Fabulands firmé unos cuantos (que espero que luego la gente comprara, porque si no vaya plan).
Los actos culturales culminaron de nuevo en la Librería Luces, donde, tras otra ronda de Pedro Ximénez, se invirtieron las tornas y el que suscribe presentó a Patrick Ericson, que nos habló de la génesis de su novela GÉNESIS, centrándose en sus aspectos más esotéricos y documentales. Y de nuevo, firma que te firma. Según me dicen, su muñeca sigue en fase de rehabilitación por orden del traumatólogo de don Patrick.
El fin de fiesta tuvo lugar en el hotel donde nos alojábamos la mayoría de los asistentes, e incluyó copiosa cena, copas, risas y bailoteo, así como un striptís parcial del autor de LA ISIS DORADA que, sin saber cómo ni por qué, fue captado por las cámaras espía que había en la sala. Atención al segundo 12
En definitiva, un fin de semana insólito y sorprendente, que esperamos deje de ser insólito, en el que los libros y la diversión demostraron no sólo no estar reñidos sino ser casi sinónimos.
Tras más de un año de espera, hoy me he enterado de que mi opera prima saldrá en la lengua de Bernini el próximo mes de abril, publicada por la editorial IL PUNTO D´INCONTRO.
He aquí la sobria y bonita portada y la sinopsis:
Sesto secolo d.C., Tempio di File. L’ultimo rifugio della religione egizia viene saccheggiato e distrutto dall’esercito bizantino, cadendo nell’oblio. I suoi tesori scompaio senza lasciare traccia... fino ai giorni nostri.
Oggi, Madrid. Gli atti vandalici contro i negozi che vendono riproduzioni di arte egizia sono diventati la norma. Tutto sembra condurre a un gruppo di fanatici cristiani che vogliono cancellare ogni residuo di paganesimo. Per lo studioso di storia dell’arte Jaime Azcárate, le festività natalizie stanno per trasformarsi in un vortice di intrighi e di pericoli. Per ottenere un posto nella rivista Arcadia, Jaime si getta in un’indagine che lo metterà ben presto sulle tracce di qualcosa di molto più grande di quanto pensava: interessi nascosti, capaci di scatenare un’ondata di violenza e distruzione, e un mistero che dura da più di duemila anni.
El sábado pasado viví uno de esos momentos perfectos, mágicos, inolvidables. Los ingredientes, los mejores: buenos amigos, buena comida... y mi nuevo libro. De la bebida y lo que pasó después mejor no hablamos, pero el encuentro fue memorable. Gracias a todos por vuestro entusiasmo, vuestra amistad y la ilusión que vi en vuestra mirada, que es el motor que me impulsa y la recompensa que hace que todo esto valga la pena.
Pues eso. ¡Ya están aquí, ya llegaron los primeros ejemplares de FABULAND! Dicen que el primer hijo es el que se lleva todas las fotos, pero no me he podido resistir y, para que el segundo no se encele, aquí van algunas instantáneas.
Que no, que no, que es mentira.Mientras esperamos a que la editorial Il Punto d´Incontro se anime a publicar mi novela, pongo una fotillo hecha en el templo de Debod hace un año donde se me ve en compañía de dos guapas embajadoras del país de la pasta, el neorrealismo y el Lamborghini. A ver si así se dan prisa...
En pleno proceso de edición de mi próxima novela, mi camarada y compatriota Gonzalo Jerez "El Selenita" ha tenido una vez más el ingrato deber de sacarme presentable en las fotos. Aquí les dejo algunas de la sesión. No se fijen en el modelo (bueno, si quieren sí). Pero admiren el arte del fotógrafo.
Pedro de Paz, Juan Gómez-Jurado (VII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja) y Jorge Magano en plena (re)presentación en el Palace. Dicen las malas lenguas que luego se fueron de cañas literarias, pero no queda un solo testigo dispuesto a confesar.
Buscando en el baúl de los recuerdos (u-u-u) he encontrado un par de documentos curiosos. Dichos documentos vienen a ser una génesis del personaje principal de mi novela La Isis Dorada, que allá por 1991 se llamaba Jaime Bono (en clara e ingenua referencia al agente secreto más famoso de la Historia) y no protagonizaba novelas sino historietas.
La idea era hacer una serie completa con sus aventuras, pero en el momento de pasar a tinta la segunda de ellas, me estalló el rotring en la mano y la página quedó hecha unos zorros. Ese día descubrí que las artes gráficas no eran lo mío, así que abandoné el complejo mundo del cómic y dejé al personaje en reserva hasta que pude resucitarlo años después en un formato menos visual pero también mucho menos guarrindongo.
Dicen los vecinos que mi alarido aún resuena entre los muros del inmueble donde vivo.
La por aquel entonces jefa de Suma de Letras, Ana Rosa Semprún, me comentó por teléfono que había leído mi libro y que le interesaba. Mi respuesta fue un sorprendido "¡Vaya!", seguido del alarido mencionado (éste ya fuera de cobertura), aunque entre medias hubo tiempo de concertar una cita en la sede de Suma, adonde me dirigí presto y nervioso unas semanas más tarde.
Lo primero que hice al entrar en las oficinas de la editorial fue pisarle un pie a Miryam Galaz, una de las editoras, gesto al que ella no concedió ninguna importancia, pero que a mí me sonrojó y me obsesionó hasta el extremo de pensar que no había entrado con buen pie en la casa. Ya en el despacho de la jefa, me hablaron largo y tendido sobre la novela. Recuerdo que me impresionó mucho que dos damas "pesadas" (entiéndase en sentido figurado) del mundo editorial fueran capaces de hablar de mi libro con tanta familiaridad, como si fuera de verdad un libro y no un conjunto de folios que yo había escrito en mis horas muertas durante los últimos dos años. Me hicieron una serie de sugerencias, pidieron que reescribiera algunos pasajes y quedamos en vernos al cabo de unas semanas.
Esas semanas fueron frenéticas para mí. Si habéis leído "La Isis Dorada" sabréis que tiene un tono desenfadado que a veces raya el gamberrismo. La obra original era mucho más gamberra y salvaje, tanto que caía en la inverosimilitud, así que tuve que pulir algunas aristas (no muchas). Después de esto, mis ya editoras dieron su conformidad y no tardaron en enviarme un contrato de edición en toda regla.
Mi sueño se acababa de hacer realidad. Pero aún quedaba lo mejor... y lo peor.
Unas semanas después me citaron a comer en un céntrico restaurante madrileño para anunciarme que habían decidido dar a la novela una promoción especial. Ésta incluiría una especie de concurso a la manera de un juego de rol en vivo cuyo eje sería el argumento de mi historia. En el proyecto se pensaba contar con la participación del Ayuntamiento, algunos patrocinadores y el mismísimo alcalde de Madrid. Los premios: viajes a Egipto.
Al salir de aquella comida pensé que el mundo era un lugar maravilloso, que todo era demasiado bueno para ser verdad.
Y, en efecto, así era.
Poco antes de lanzamiento de la novela, y tras un par de reuniones para definir el gran evento, mis editoras recibieron una oferta de otra gran editorial y, como es lógico, la aceptaron.
La promoción, el concurso, los patrocinadores y el alcalde cayeron en saco roto, pero lo importante era que el libro saldría a la calle... y salió.
Para muestra, varios botones:
¿Y ahora qué? Pues después de escribir una nueva aventura de Jaime Azcárate cuya edición llegará en algún momento del año que viene, recibí una oferta de mis antiguas editoras para escribir una novela juvenil. De ello hablaré en otra entrada. Sólo diré que pocas veces me he equivocado más que cuando pensé que mi desafortunado pisotón había condenado para siempre mi relación con aquella editora.
Hoy estoy nostálgico. Además veo la necesidad de poner las pilas al blog antes de que el destino nos alcance, así que voy a contar, en una serie de amenas entregas, cómo una idea que me daba dentelladas en la mente acabó ocupando un lugar en las librerías españolas.
Escribo desde siempre. En el cole había un periódico anual titulado "Nuestras Cosas" y, que yo recuerde, en los ocho números que publicaron mientras yo estuve allí, siempre iba algo mío: un relato, una poesía, un dibujo, una historieta... Durante la infancia y la adolescencia jugaba a escribir guiones. De radio, de cine, de tele, de dibujos animados... Igual que otros niños emulaban a Butragueño o a Hugo Sánchez con el balón, yo imitaba a Escobar, a Spielberg o a Chicho Ibáñez Serrador. Vamos, que me gustaba escribir, pero sobre todo me gustaba contar historias.
Ya en la universidad, en plena clase de Historia de la Edad Moderna, un personaje se abrió camino entre los pliegues de mi adormilado cerebro y me dijo: "Chssss. Cuenta mi vida". ¿Revelación divina o delirio provocado por el sopor? Da igual. El caso es que Jaime Azcárate (en esos tiempos primitivos Jaime Bono) se materializó en mi mente y en mi vida, dando origen a una relación que dura ya la friolera de doce años. Más que muchos matrimonios, tengo la desfachatez de recordar.
Su primera aventura la escribí durante dos cursos, y tras recibir entrañables rechazos por parte de editoriales y agencias (aunque la prestigiosa Carmen Balcells se interesó en un principio, motivada por mi impecable carta de presentación), enterré el proyecto. Sin embargo años después, en una acogedora terraza de verano de Sant Carles de la Rápita, se hizo la luz. Tenía una idea para una novela protagonizada por mi desafortunado personaje. Tendría lugar en Madrid, sería una precuela de la obra no publicada y versaría sobre la religión del Antiguo Egipto.
Armado con un bolígrafo azul y un bloc de notas cuadriculado, e inspirado por las enseñanzas obtenidas tras un curso intensivo de guión de cine, escribí una sinopsis y fui desarrollando, poco a poco, los elementos de mi nueva historia. Había una imagen que estuvo presente durante todo el proyecto: el templo de Debod al anochecer, una vista que yo tenía impresa en la retina gracias a todos los atardeceres que había pasado contemplándolo, apuntes en mano, durante mis tiempos de estudiante.
Aquel fue el verdadero chispazo. El templo de Debod atacado. ¿Por quién? El hilo llevó al ovillo.
A principios de 2006 ya tenía lista la novela, e inicié el penoso trámite de moverla por las editoriales. La primera intentona falló, y la desesperanza empezó a abrirse paso. Hasta que una tarde, ojeando libros en una gran superficie, di con un sello editorial que no conocía. Suma de Letras llevaba poco tiempo en el mercado, y de un solo vistazo me di cuenta de que lo que yo hacía podía encajar sin problemas en su línea editorial. Como estaba algo desmoralizado, decidí ahorrarme los costes de impresión y envío y la mandé por correo electrónico sin hacerme demasiadas ilusiones.
Menos de un mes después sonó el teléfono. El resto, es historia.
Retomo el blog tras un año de inactividad. Un año en el que he pasado de segurata ilustrado, locutor aficionado y articulista de saldo a novelisto a tiempo completo.
Tras el éxito de mi primera novela, La Isis Dorada, seguimos en racha. A principios de 2009 tendremos novela juvenil en Espasa, y más adelante, si mi agente consigue enganchar del pescuezo al editor correspondiente, verá la luz la segunda aventura de Jaime Azcárate, cuyo título provisional es Donde nacen los milagros.
Mientras tanto, sigo en una fase altamente productiva y me paso el día tecleando para sacar adelante un proyecto más ambicioso, coral, artístico, lleno de misterio, humor, personajes encantadores y todas esas cosas con las que me sacáis los colores en los foros.
A partir de ahora este blog me servirá para compartir con vosotros todos los acontecimientos, pensamientos o novedades que por personales o intrascendentes no tendrían cabida en mi página oficial: http://www.jorgemagano.com/
(Artículo publicado en la revista "Eclipse", enero de 2007)
Los viejos rockeros nunca mueren, sólo se transforman. Julián Hernández, batería de Siniestro Total allá por los ochenta y líder indiscutible del grupo vigués a día de hoy, se ha dado cuenta de que se pueden decir las mismas cosas y ser igual de gamberro sin tener que dar saltos entre cables, baterías y guitarras eléctricas. Por eso, junto con Rómulo Sanjurjo, coruñés y acordeonista del desaparecido grupo Os Diplomáticos de Montealto, formó allá a finales de los noventa el dúo Transportes Hernández y Sanjurjo. Un invento que, en el tradicional formato de voz, guitarra acústica, mandolina y acordeón, ha dado al mundo una serie de canciones en las que la ironía, la guasa y cierto compromiso social se conjugan siguiendo la costumbre promovida en España por Javier Krahe y continuada por individuos del pelaje de Pepín Tré, Pablo Carbonell o El Gran Wyoming.
El invento prosperó y se materializó en Privilegios de tener una ocupación inútil, auténtico disco de culto que, por lo que sabemos, que igual no, sólo se puede conseguir a través de la discográfica que dirige el propio Hernández: Discos de Freno. Sus ocho canciones prescinden de efectismos en lo técnico y derrochan frescura en lo artístico. Repertorio ideal para raritos, contiene una sabrosa oda al sadomasoquismo, un amargo retrato de la Europa más rancia, un folk dedicado al Big Mac, e incluso ritmos tribales para pedir un 0.7 que ya ni los que más lo necesitan se toman en serio.
Disco de culto, decimos. Y ahí se podría haber quedado la cosa si no fuera porque en noviembre del ya difunto 2006, el dúo sacó a la venta Vista Alegre, un segundo álbum que es maná caído del cielo. Canela fina. Uno de esos discos que uno no se cansa de escuchar y en el que no hay excusa para no dejarse los cuartos. ¿Y por qué? Pues para empezar porque la edición es de lo más estimulante, con el CD imitando a la perfección un disco de vinilo y en el interior una foto de los dos perpetradores del invento ataviados con trajes negros y garabatos fosforito. Aleccionador a la par que decorativo.
Pero vayamos al contenido y comprobemos que el repertorio completa y supera lo oído en el disco anterior. El espectáculo se abre con A ti ya te gustaría hacer el indio, Margarita, alegre defensa de los hábitos cheyennes, apaches y siux. Continúa con el desgarrador Madre Fango, que evoca de modo nostálgico al lodo primigenio y a sus incipientes habitantes deshuesados (el sonido nos sitúa inmediatamente en una charca de Louisiana o de por ahí, por lo que el efecto es doblemente legamoso). La cosa sigue con el pegadizo Sentadito y Callao, irónico testimonio del autoritarismo político y social de cualquier época. La canción romántica está presente en La Soledad del Francotirador, un emotivo poema de un hombre a su rifle. Los primeros compases de Cuánta puta y yo que viejo, uno de los grandes éxitos de Siniestro Total, son hábilmente reciclados en uno de los grandes momentos del CD, de esos que piden a gritos una nueva escucha, y luego otra más: Consumo infantil, regocijante divertimento en torno a un tema tan preocupante como la violencia infantil, seguido del desesperado grito etílico Llevadme a un bar. Destaca también la declaración de intenciones políticas Ámame, soy un liberal, y dos canciones a modo de himnos: Encenderé mi vela y Palmo de narices. Además se incluyen un par de gansadas de duración breve que amenizan el asunto y demuestran que los gallegos se lo han sabido currar.
Con esto, el CD ya tendría la calificación de sobresaliente, pero es que lo mejor se reserva para el final. La luz al final del túnel es una osada historieta musical en catorce movimientos que narra las desventuras de un hombre que muere y, arrepentido, decide regresar a la vida. Folk, country, blues, rancheras y new age se hilvanan en esta impagable traca final que, puestos a establecer comparaciones absurdas, podría entroncar con algunas de las piezas más surrealistas de Les Luthiers. Avisamos: sólo estos trece minutos justifican la adquisición del CD.Con Transportes Hernández y Sanjurjo el panorama musical nacional vuelve a ver esa luz al final del túnel. Y es que como dice el propio Julián Hernández: “Lo divertido no es lo contrario de lo serio, sino de lo aburrido”. Pocos músicos se toman la música tan en serio; por eso esperamos ansiosos el tercer álbum del dúo, así como que algún ayuntamiento los invite a las fiestas patronales para poder así disfrutar de su arte en directo. Un arte no apto para aquellos que no saben escuchar entre líneas, valorar el ingenio ni apreciar el buen gusto musical. Bisbaleros y chenoeros aparte, claro.