viernes, diciembre 24, 2010

MARISCO CONGELADO


A las nueve de la mañana, la fila llega hasta la esquina de la calle Maldonadas, en el barrio de La Latina. Una señora dice que ya había gente a las seis y media. El sol se asoma a las calles aledañas, pero la nuestra permanece en sombra, contribuyendo a la congelación general de brazos y piernas, al moqueo constante y al frotamiento de manos de las docenas de personas que han madrugado como cada año para conseguir marisco del bueno al mejor precio. Un joven con patillas de hacha dice que no es tan barato. Un señor canoso que lee un libro de Stephen King en inglés y fuma un purito tras otro señala que el secreto está en la forma de cocerlo. Una chica con las uñas pintadas de rojo reconoce que es su primera vez, pero que su chico y ella cenaron el año pasado en casa de unos amigos y quedaron encantados con la calidad del marisco, así que este año han decidido aprovisionarse en el mismo sitio que ellos.

Las tres horas de cola se hacen duras, pero me entretengo dejando que las historias de la gente que tengo a mi alrededor me envuelvan como una agradecida manta. Yo soy nuevo, pero Laura ya ha hecho esto otras veces. Este es su antiguo barrio, y para ella y su familia era una práctica habitual, aunque hoy dice que hay más gente que otras veces. “Antes había más cafeterías, y negocios familiares. Ahora son todo tiendas de chinos”. Como para ilustrar esta sentencia, pasa un BMW deportivo conducido por una mujer china. La mirada de Laura se empaña de nostalgia al recordar a su abuela. Los ausentes siempre están presentes en estas fechas, y más si su presencia fue tan importante, necesaria e influyente como la de la abuela de Laura. A nuestro lado, una niña de ojos tímidos y sonrisa callada se resigna a pasar frío dentro de sus botas altas mientras su abuela nos cuenta que viene de la otra punta de Madrid sólo para conseguir marisco para sus nietos y su yerno. “Yo no lo como, pero a ellos les encanta”.

La cola avanza lenta, al ritmo del vaho que sale de nuestras bocas. De vez en cuando alguien pide que le guarden el sitio y entra en una cafetería para calentarse las manos y el estómago con un café o un té. Cuando Laura se acoge a este necesario recreo, yo me quedo en la fila y aprovecho para echarle un vistazo a El País, y me entero de que Gabilondo se ha ido de CNN + (y CNN + también), de que a Javier Bardem le han pagado una pasta por escribir un artículo en contra del rechazo de la Ley Sinde, de que en Roma han explotado unos paquetes bomba y de que entre los mejores libros del año no hay ninguna novela negra. Laura vuelve con unos guantes que ha comprado en una tienda de chinos ubicada en el local que antes albergara una mercería. Al poco, el encargado del cocedero sale a darnos la mala noticia: “Sólo quedan cien kilos de marisco”. “¿No hay cigalas?”, pregunta con tristeza la niña de ojos tímidos. Laura quiere un buey para su madre, recién operada, pero estos están a punto de seguir los pasos del centollo, extinto en el escaparate desde hace varios minutos. Algunos desertan, pero la mayoría aguantamos, inasequibles al desaliento, al frío, al dolor de pies y a la incertidumbre: ¿quedará algo cuando por fin nos toque? Nadie nos lo asegura.

Ya tocamos el escaparate. La gente teme que el gitano del abrigo hasta los pies arramble con las pocas nécoras que quedan. Pero no. El gitano está de luto, y este año sólo gastará 50 euros. El año pasado gastó 400. Ya estamos casi dentro. Laura necesita otro café, así que me quedo en la cola. Observo a la abuela, que se queja del frío, y a la nieta, que no se queja, pero expresa con su triste silencio su pesar por la ausencia de cigalas. Entonces pienso en Laura y en su abuela, y en el orden cíclico de las cosas. Algún día esa abuela no estará, y la niña será abuela, y quizás vaya con su nieta a comprar marisco el día de Navidad, y alguna antigua nieta se acuerde de su abuela, y su mirada se empañe.

Laura regresa y noto en su expresión la huella de algo que ha pasado. Me cuenta que, cuando salía de la cafetería, se encontró a un hombre llorando. “¿Está bien”, preguntó ella. “No. Es Navidad y mis padres murieron este año. Siempre venía con ellos a comprar marisco. Y ahora... Creo que ha sido una mala idea venir aquí, pero...” El final de su discurso se funde en una serie de incontrolables sollozos. Laura pregunta si puede hacer algo por él. “No”, pero enseguida rectifica: “Quizás una sonrisa tuya...”. Laura le regala una sonrisa, y sé por experiencia que la sonrisa de Laura es capaz de sanar la herida más honda.

Llega nuestro turno. Pedimos lo que podemos (ya no queda casi nada) y deseamos feliz noche a los que aguardan detrás de nosotros. Todos ellos son ya parte de nuestra Navidad, igual que nosotros lo somos de la suya: la abuela y la nieta, el joven de las patillas, la chica de las uñas rojas, el lector de los puritos. Y también un joven desconsolado que quizás esta noche recuerde la sonrisa de Laura. Mientras escribo estas líneas, yo también la recuerdo.

Feliz Navidad a todos.

miércoles, octubre 20, 2010

PARADOJA HOSPITALARIA

Alfonso murió con treinta y un años. Daniela con noventa. Se encontraron en el cielo y entre ellos surgió la amistad. Entre charla y charla, llegaron a la conclusión de que habían sido vecinos. Alfonso estaba en la habitación 317 cuando su corazón dejó de latir. Daniela en la 122 cuando vio por primera vez la luz del mundo.

jueves, octubre 14, 2010

ORGULLO FRIKI


¡Jolgorios y cuchufletas!

Tiene ya unos cuantos días, pero hoy me he enterado de que Javier Cercas publicó en El País un aleccionador artículo titulado Teoría del friki que ha supuesto una revolución en el uso que el común de los mortales (y especialmente la clase privilegiada) lleva tiempo haciendo del término.

Por fin, frikis y frikesas que del mundo hemos sido, nuestra tan gozosa como sufrida condición tiene un ideólogo cabal y respetado entre la élite intelectual que piensa que la cultura “seria” (y me quedo corto poniendo comillas) comprende sólo el cine minoritario, la literatura cerebrada de inextricable complejidad y la música de genios capaces de vender a su madre con tal de tocar para el monarca o el pontífice de turno.

El artículo en cuestión confina a una mera categoría de friki a aquellos respetables trabajadores, muchos de ellos padres o madres de familia, que, en su tiempo libre, van a convenciones o reposiciones de Star Wars o El señor de los anillos vestidos de Bobba Fett o Bilbo Bolsón respectivamente, y lo amplía sabiamente para sacarlo del geto subcultural en que lleva tiempo encerrado atribuyendo tal denominación a personajes tan respetados (e incluso respetables) como don Miguel de Unamuno, don Miguel de Cervantes, don Mariano José de Larra, don Gonzalo Suárez o don Juan José Millás, por poner sólo unos ejemplos. Lo mejor es leer el artículo (¿qué haces que aún no lo has leído, pedazo de friki?), pero desde aquí queremos dar las gracias a don Javier Cercas por intentar ampliar la mirada de aquellos que creen que un friki es aquel ser descerebrado que nació con los mandos de una PS3 en las manos o que no sabe hablar de otra cosa que no sea la problemática del paisajismo arquitectónico de Gotham City y su repercusión en los hombres murciélago.

En una de mis novelas inéditas un personaje dice: “Un friki es un intelectual con universo expandido”. Y, modestia aparte, tiene razón. El mismo Fernando Trueba reconoce que no entiende a aquellas personas que, interesadas por un tema o un artista, no se desviven por intentar encontrar, contemplar o conocer todo lo referente a ese tema o a ese artista. El friki es apasionado hasta la obsesión; un ejemplo de fidelidad y solidez como pocos en este planeta; un ser intertextual con infinitas ramificaciones y, por tanto, ilimitadas posibilidades conversacionales. Un tipo peculiar, vaya, con una concepción del mundo tan extravagante como extraordinaria.

¿Alguna vez ha jaleado a su líder político favorito cuando éste ganó unas elecciones? ¿O ha sentido que le subían los calores y los colores cuando alguien criticó a ese mismo líder? ¿Ha hecho más de una hora de cola para ver a su grupo o cantante preferido en directo? ¿Para ver una exposición sobre tal o cual movimiento artístico? ¿Para que su escritor predilecto le firmara un libro? ¿Ha salido a la calle con los colores de la bandera de España para animar a la selección? ¿Va al gimnasio con frecuencia y mira en Internet para qué sirve cada ejercicio? ¿Le van las dietas saludables y se interesa por saber lo que come? ¿Va a misa los domingos? ¿Lleva una estampa de San Francisco de Asís en la cartera? ¿Un llamador de ángeles al cuello? ¿Ha pedido en la peluquería que le dejen el pelo como tal actor o tal actriz? ¿Va a ver las películas de Woody Allen el mismo día del estreno? ¿Busca en Wikipedia datos sobre su cantante de blues o rock favorito o su director de cine de cabecera?

Si ha respondido que sí a alguna de estas preguntas, laméntese: es usted un friki. ¡Y a mucha honra!

martes, octubre 05, 2010

EXCLUSIVA INTERPLANETARIA

La noticia ha saltado estos días: un grupo de científicos ha descubierto un planeta cuyas características, muy similares a las de la Tierra, lo capacitan para albergar vida.

El planeta en cuestión ha sido bautizado con el nombre de Gliese 581g y ya existen grupos de fanáticos que ven en su conquista (o en el contacto con sus hipotéticos habitantes) la única esperanza que le queda a la Humanidad.

La noticia en sí es estimulante, pero eso no es nada. Este humilde bloguero ha accedido a un documento impresionante que demuestra que los habitantes de Gliese 581g (Scxilla en lengua vernácula) ya tenían conocimiento de la existencia de nuestro planeta antes de que aquí los avistáramos por primera vez (si es que siempre somos los últimos en todo, copón).

A continuación, la transcripción literal de la noticia, contenida originalmente en una onda portadora procedente del espacio exterior que quedó registrada, nadie sabe cómo, en el buzón de voz de un Nokia sin batería.



El Correo de Scxilla. Edición mediodía. Día 534 del Sexto Mes de la Era Urut.

DESCUBIERTO PLANETA HABITADO FUERA DE NUESTRO SISTEMA


Un equipo de astrónomos ha descubierto un planeta extrasolar con un radio un 50% menor que el nuestro y compuesto en su mayor parte por agua y chapapote. Empleando un potente telescopio, el grupo de científicos ha hallado este mundo cuya masa es aproximadamente cinco veces inferior a la de Scxilla. Además, los astrónomos también han encontrado importantes evidencias de vida en la superficie del planeta.

El prestigioso doctor Xcragia Wlsfjjër, de la Universidad de Brngn, hizo ayer públicas sus conclusiones, las cuales son la mar de inquietantes:

“El planeta, al que hemos llamado Barrutino 69 porque nos ha salido de los huevos, gira en torno a una estrella enana en 365 días (incluyendo festivos) y se encuentra 14 veces más lejos de ésta de lo que Scxilla se encuentra de nuestro Sol. La superficie varía entre líquida, sólida y mugrienta. Su atmósfera se compone de una mezcla de agujeros de ozono y CO2, lo que a priori hacía inviable la vida en ella. Pero nos equivocamos.







Un estudio más minucioso llevado a cabo por sondas scxillanas ha revelado que, sin lugar a dudas, el planeta está habitado. ¿Vida inteligente?, se preguntarán ustedes. Aún lo estamos decidiendo, pero saquen sus propias conclusiones a partir de los datos que hoy hacemos públicos:


- Su sistema político es complejo, y consiste en que sólo se presentan candidatos incompetentes y la gente les vota.


- Muchos de los habitantes de este planeta no saludan a sus vecinos, pero tienen miles de amigos en una computadora.


- El máximo galardón de la Paz está en manos de un alienigena que acababa de enviar a otros 30.000 alienígenas a atacar otro país.


- Son grandes aficionados a robar el trabajo ajeno, actividad a la que llaman “derecho a la cultura”.

- Cuando once alienígenas vestidos de rojo ganaron a otros once vestidos de naranja, la gente salió a la calle sintiéndose orgullosa de la bandera de su país. Pocos días después (al igual que pocos días antes), esa misma bandera era símbolo de imperialismo, dictadura y represión.

- Hablan muchísimas lenguas distintas, en la mayoría de los casos para comunicarse, pero en una zona concreta que llaman “Estado español”, lo hacen para incomunicarse y evitar que el vecino les entienda.

- En ese mismo Estado Español hay diversas lenguas, pero predomina una, oficial y más extendida. Nuestros científicos han identificado algunas palabras como: “jar”, “comor”, “torpedo” y “alataqueeeeer”.

- Prefieren pasar las noches viendo cómo se reproducen otros en lugar de reproducirse ellos.

- Son unos entusiastas de espectáculo y el buen humor: montan huelgas generales, debates parlamentarios y elecciones primarias de broma con el fin de divertir a la ciudadanía.

- Cada territorio está gobernado por un falso líder que en la práctica no tiene ningún poder. El pueblo sólo sigue los dictados de un alienígena supremo con capacidad de influir en toda la población, al que veneran y adoran como un ser superior. Su nombre es Belenesteban.

Tras analizar minuciosamente este informe, el gobierno de Scxilla hace una petición urgente a todo el planeta y apela a su discreción con el fin de que nunca, jamás, en la puta vida, los habitantes de Barrutino 69 lleguen a descubrir nuestra existencia. ¿Qué? ¿Cómo dicen?... ¡Mierda!"

Fin de la transmisión...

lunes, junio 14, 2010

El campeador inmortal


En La loca de la casa, Rosa Montero reconoce que la primera vez que tuvo conciencia de que la muerte existía fue a los cinco años. Estaba leyendo El gigante egoísta, de Oscar Wilde, cuando al mirar la solapa del libro descubrió que ese señor que tan buenos ratos le estaba haciendo pasar había muerto mucho antes de que ella naciera. Y aun así ahí estaba, contándole su cuento. Haciéndola disfrutar.

Recuerdo que algo parecido me pasó a mí en mi primera visita al Museo de Cera de Madrid. En una gran sala, creo recordar que cerca del tiovivo, estaban los clones de los tres hermanos Marx. Ya desde niño me gustaban sus películas. Simpatizaba con el divertido y tierno Harpo; me divertían las argucias de Chico y su virtuosismo con el piano; pero sobre todo admiraba la labia, el desparpajo y la anarquía de Groucho, cuya actitud ante la vida me preocupé de intentar imitar hasta que la maldita lucidez me enseñó que el guión de la existencia es mucho más aburrido y estricto que el de esas alocadas comedias donde todo era posible.

Fue en casa, hojeando el catálogo del museo, cuando comprendí que ese señor, cuyo verdadero nombre era Julius, había muerto en Los Ángeles el 19 de agosto de 1977, lo que significaba que su existencia y la mía habían coincidido en el tiempo durante casi un año. Eso me hizo reflexionar, y el resultado de mis reflexiones me enojó con el mundo. ¡Un año! Durante un año tuve la posibilidad de haber conocido en persona a Groucho Marx, pero él tuvo la nefasta idea de morirse demasiado pronto. Recuerdo que no se lo perdoné durante años, aunque el tiempo me indicó que era injusto echarle a él toda la culpa. Después de todo, ¿cómo iba un niño de menos de un año a viajar a Los Ángeles sólo para conocer a un señor enfermo cuya existencia (y posterior influencia) ignoraba por completo?

En fin, que Julius murió y yo me hice mayor con sus películas, sus libros y su bigote. Gané un concurso en el carnaval del cole por disfrazarme de él, superé la incómoda convalecencia de una operación que se complicó gracias a sus guiones radiofónicos, y aún reviso con asiduidad el impagable legado cinematográfico que nos dejó, que no es sino una lección de actitud positiva y crítica ante la vida.Por eso no tiene importancia que aquel viejo y ese bebé no llegaran jamás a conocerse. Groucho, al igual que Oscar Wilde, siguió haciendo reír, pensar y disfrutar incluso después de muerto.

Para que luego digan del Cid.

miércoles, marzo 17, 2010

BALANCE Y CAMBIO DE MARCHA

Si ustedes recuerdan, dejamos al protagonista de este blog, que casualmente es el creador del mismo y, a su vez, el que escribe estas líneas, iniciándose en el apasionante viaje de los guiones televisivos. Pues bien, hemos de anunciar que la fase uno ha sido superada. El guión está donde le corresponde, a la espera de que el implacable lápiz rojo de esa figura tan temible como necesaria que es el coordinador de guiones, ejecute su cometido... siempre por el bien del espectador, el producto y los anunciantes, por supuesto.

Llegado a este punto, es el momento de relajarme y recordarme a mí mismo, y a los amables lectores que no tienen nada mejor que hacer que seguirme, los asuntos que dejé pendientes y los que aún estoy por emprender.

En estos meses han ocurrido muchas cosas; entre ellas que presentamos “El chico que no miraba a los ojos” en la Fnac de Callao. Este libro, por el momento, sólo me ha dado alegrías. Las críticas no pueden ser mejores. Ha superado las expectativas de los fans de “Hay alguien ahí” al tiempo que satisfacía a muchos lectores que, por despiste, amistad o bibliofagia, le han hincado el diente sin haber visto la serie en su vida. Es más, sin pretender verla e incluso vanagloriándose de ello. Por otro lado (siempre hay dos caras, que se lo digan a Batman), la discutible gestión de Cuatroº para con la serie, el bajo nivel de audiencia y los bailes en el horario de emisión, parece que pueden perjudicar las ventas del libro. Mi opinión me la guardo, pero pueden imaginar que no incluye arcoiris ni mariposillas revoloteadoras.

Como llevo ya mucho rollo soltado, ilustro el discurso con unas fotillos del evento.



Entre los demás acontecimientos, cabe destacar que hemos superado los 200 fans en Facebook (me han dicho que Stephen King y Belén Esteban tiene algunos más, pero me la refanfinfla); que unas encantadoras y emprendedoras periodistas han creado un blog promocional muy currado que lleva por nombre La mirada de Magano; y que mi novia y yo estamos a punto de cambiarnos de piso. ¿Adónde? Eso no lo voy a contar en este blog, pero si traen vino o pasteles, serán bien recibidos en nuestra nueva morada.

También debo decir que mi novela MUSEUM, que sigue dando vueltas por diversas editoriales, ha sido objeto de lectura y crítica por parte de una buena amiga y lectora, y que su veredicto no puede ser mejor. Por ese motivo no me resisto a reproducir aquí parte de su e-mail:

Bueno Jorge leído, y devorado, me ha gustado muchísimo, me ha resultado rápido y entretenido, original por el ámbito donde se desarrolla, bien escrito, buenos personajes y bien resuelto, con traca final. A mi has convencido totalmente , espero que no tarde en ver la luz....gracias por dejarme leerlo.

Gracias a ti, guapísima. Después de esto, tecleo con más ímpetu y con una sonrisa de oreja a oreja que amenaza con quebrarme la quijada.

Entretanto continúo llevando la tutoría de un par de talleres literarios en la Escuela de Escritura de Carmen Posadas y Gervasio Posadas y me dispongo a retomar un proyecto que dejé aparcado antes de ponerme con los guiones. Una novela que sorprenderá a propios y extraños, que divertirá y hará pensar. En definitiva, un libro que hará las delicias de todos; pero para ello, tengo que escribirlo.

Así que me voy a escribir.

jueves, enero 21, 2010

NARRADORES CATÓDICOS


Pues ya lo ven. Uno que siempre se ha jactado de tener tele sólo para ver películas y que ha barajado en alguna ocasión la posibilidad de llenarla de agua y echar peces, ahora se mete de lleno en el negocio de escribir para la caja tonta... que no será tan tonta cuando lleva sesenta años marcando nuestras vidas, nuestros horarios y nuestras tendencias.

Teniendo en cuenta la que está cayendo, la idea es macanuda. El mercado editorial en España sigue siendo un mar de secretos en el que el autor se siente desamparado y no siempre recompensado. La piratería amenaza con plantar su huesuda bandera en la pantalla de cristal líquido de los e-books, lo que ha provocado una diáspora en los escritores de ficción, que se ven obligados a buscar otros medios para subsistir. Igual que siempre, vamos.

Como el cine es otro territorio inexpugnable, los que contamos historias hemos puesto las miras en la tele (o, en mi caso, la tele ha puesto las miras en mí). Con la proliferación de cadenas y productoras (siempre en guerra entre sí) y el auge de la ficción televisiva (sólidamente implantada en Estados Unidos y floreciente en territorio patrio), la búsqueda de personajes, tramas, diálogos y conflictos con gancho es una rueda que no deja de girar.

La esencia es la misma: se trata de narrar, expresar, crear, construir y compartir con el espectador. El medio es el que cambia, aunque siempre estuvo ahí. Se habla de la crisis del libro, la crisis del cine, la crisis del teatro... ¿Han oído hablar de la crisis de la tele? A nivel de consumo y popularidad digo, que de contenidos ya hablaremos en otro debate.

Los románticos siempre preferirán el olor de un libro, la magia de la radio, el espectáculo del cine... Pero la tele (con su expansión internauta) es el futuro. Y el futuro es una oscura nebulosa iluminada por la pantalla que más brilla.

martes, diciembre 22, 2009

EL NIÑO QUE DEJÓ DE DIBUJAR. UNA HISTORIA (CASI) DE NAVIDAD

Érase una vez un niño que jamás pidió un balón en su carta a los Reyes.

Era fácil reconocerlo. En clase siempre estaba callado, dibujando en un papel (y si no había papel, sobre la propia mesa) o inventando historias que luego sus compañeros escuchaban sin parpadear un segundo antes de dejarle solo y salir corriendo a jugar con el balón que les habían traído los Reyes.

Una vez, el profesor de sociales le pilló haciéndole una caricatura bastante ridícula, y en lugar de regañarle, le pidió que le hiciera otra más grande para enmarcarla. Otra vez le expulsaron de clase por pintar obscenidades en un cuaderno mientras la profesora de lengua explicaba la vital importancia del pretérito imperfecto. Así se ganó las simpatías de unos y la ojeriza de otros, pero todos coincidían en una cosa: como estudiante era un negado.

Excepto en dos cosas: la escritura y el dibujo.

Consciente de que el dios de los artistas le había tocado con su dedo, el niño colmaba cada año la carta a Sus Majestades pidiendo blocs de papel Guarro, estuches con rotrings, lápices, sacapuntas, gomas de borrar y todo lo necesario para convertirse en el nuevo Picasso (aunque él tenía en mente nombres como Walt Disney, Jan o Ibáñez).

Mientras otros daban balonazos, él concentraba sus esfuerzos en el arte de combinar palabras con monigotes, algo que, según sus allegados, no se le daba nada mal. Incluso llegó a obtener algún encargo por parte de amigos y familiares.

Cuando las musas escaseaban, se relajaba experimentando con otro de sus regalos de Navidad favoritos: el Supercinexín. Proyectaba las películas una y otra vez, poniéndoles voz a su antojo, cambiando el argumento a capricho, y cuando ya no daban más de sí, emulaba a los surrealistas y las pasaba al revés, inventando excusas verosímiles para que el Gato Félix en lugar de comerse un plátano lo vomitara intacto sobre su cáscara o lo siete enanitos volvieran a casa desde la mina caminando de espaldas sin chocar con un solo árbol.

Un día creó un personaje al que llamó Jaime Bono. Fue un gran hallazgo, el alter ego perfecto al que haría vivir las aventuras que él siempre había imaginado. Pero el dios de los artistas es antojadizo y la fatalidad en forma de chorro de tinta acabó arruinando tres páginas de su obra maestra.

La realidad se impuso.

La tinta se corrió.

La depresión sobrevino.

Dejó de dibujar.

Dejó de pedir lápices y rotuladores a los Reyes y empezó a pedir libros, películas y viajes, cosas que potenciaran su imaginación, y que la maldita tinta la pusieran otros.

Años más tarde seguía inventando y contando sus historias, pero nunca se volvió a manchar las manos del maldito líquido negro excepto para cambiar el cartucho de la impresora.

Ahora lo único que pide a Sus Majestades es que la vida siga dejándonos señales en el camino. Es nuestro deber saber verlas e interpretarlas. A veces el objetivo no es aquel que nos marcamos, sino el que nos sorprende durante la búsqueda.

Feliz Navidad a todos,

Jorge



jueves, diciembre 17, 2009

¡Y DIOS CREÓ A LA MUJER!


Hace algunos años defendía la teoría de que si un chiste racista era bueno no importaba que fuera racista.

Afortunadamente, la vida y el sentido común me pusieron en mi sitio y me enseñaron que un chiste racista no puede ser bueno sencillamente porque es racista. Otra cosa es hacer bromas con la sonrisa de un negro en la oscuridad, pero creo que cualquier persona con dos dedos de frente sabrá ver la diferencia; mejor incluso que al negro.

Pero hoy no quiero hablar de racismo, sino de otro ismo igual de inútil y preocupante: el machismo. Y es que el otro día, a la hora de la merienda, alguien me llamó machista. Sí, como lo leen, con todas las letras. M-A-C-H-I-S-T-A. A mí, que creo firmemente en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres; que admiro las buenas cualidades de unos tanto como las de las otras; que no distingo entre gilipollos y gilipollas. Y todo por afirmar que en muchas historias de las que me gustan, la mujer aparece como elemento desestabilizador de la cotidianidad del protagonista masculino.

A lo mejor no pronuncio bien y al decir esto se me ha podido entender algo así como “Las mujeres a fregar” o “El cine y la literatura son cosas de hombres”. Por si acaso me gustaría aclararlo por escrito, sin riesgo de que algún resto de pescado mal masticado interfiera en la correcta articulación de mis palabras.

En la literatura, el cine e incluso, de vez en cuando, en la vida, no hay ideal, guerra o principio que lleve a los hombres a experimentar cambios tan profundos como los provocados por una mujer. Baste con citar que la ninfa Calipso retuvo a Odiseo en su isla durante siete años hasta que éste decidió volver a casa con Penélope. Es decir que una mujer interrumpió su viaje y el recuerdo de otra le incitó a reanudarlo. Pero como Homero queda muy lejos y seguramente sus ideas sean tan erróneas como carcas, vayamos a un narrador tan contemporáneo, universal, reconocido e incluso deificado como Billy Wilder.

Su cine es una colección de fábulas masculinas en las que un hombre cambia por culpa o gracias a una mujer. A veces para bien y otras para mal, pero la metamorfosis es evidente. Fue la señorita Kubelick quien, con su mera existencia, modificó la inmoral y patética conducta de C.C. Baxter en “El apartamento”; una mujer como Sugar Kane quien enfrentó a dos amigos íntimos haciendo que uno de ellos pasara del travestismo a la suplantación de millonarios en “Con faldas y a lo loco”; una futura viuda negra con tobillera quien embarcó al vendedor de seguros Fred MacMurray en una historia de adulterio, estafa y asesinato llamada “Perdición”; la hija del jefe de la central de Coca-Cola en Atlanta transformó en pesadilla la vida del presidente de la sucursal en el Berlín occidental a ritmo de “Uno, dos, tres”; una prostituta parisina con medias verdes conocida como “Irma la dulce” convirtió a un honrado gendarme en un desempleado primero y en un enamorado pluriempleado después; La tentación que vivía arriba y hacía a un feliz hombre casado dudar de su matrimonio era también una mujer... y así podríamos continuar hasta el infinito.

Billy Wilder es uno de mis narradores favoritos, por lo que es lógico que diga que en muchas de mis historias preferidas el elemento desestabilizador tiene forma de mujer. Pero, evidentemente, no siempre es así. A veces es un extraterrestre con cuello largo, otras unos agentes del gobierno, o el robo de unos diamantes. Puede que incluso una bomba atómica. Y en algunos casos es un hombre quien desestabiliza la vida de una mujer, generalmente para mal. Recuerden si no “Thelma y Louise”, donde dos mujeres ven como una excursión de placer se convierte en un viaje a los infiernos debido a la intervención de un hombre que intenta violar a una de ellas y obliga a la otra a pegarle un tiro. ¿Se les ocurre algún elemento desestabilizador más eficaz? “Thelma y Louise” es otra de esas películas que adoro. Pero de momento nadie me ha llamado feminista.


¡Con la ilusión que me haría!

viernes, noviembre 20, 2009

ALBERTO VÁZQUEZ-FIGUEROA: FRACASO CONTRACORRIENTE


La vida de Alberto Vázquez-Figueroa está llena de sorpresas. Pero para los que le admiramos y seguimos desde hace años, la sorpresa es asistir a una fiesta homenaje en su honor y descubrir que más del noventa por ciento de los invitados no es gente de la literatura o el periodismo, sino de la farándula y el destape.

Allí estaban Juanito Navarro, Victoria Vera, Máximo (y Loreto) Valverde, Silvia Tortosa y un largo etcétera de “viejas glorias” de la faceta más decadente del show business, dicho esto con todos mis respetos, tanto a la decadencia como al show business. Representantes del cuarto poder había pocos: Silvia Jato, Juan Luis Cano, Manuel Martín Ferrand e Iker Jiménez entre ellos. Los dos últimos actuaron como maestros de ceremonia junto a la escritora Carmen Posadas. También pululaban por allí el director de cine Antonio Giménez-Rico, el cantante Caco Senante, el inclasificable Octavio Aceves, el actor Manuel Zarzo... todos ellos para honrar y venerar la figura de un hombre imprescindible en las letras españolas del último siglo. Un autor que ha sido vapuleado por la crítica, pero principalmente por él mismo. “No soy quién para dar consejos acerca de cómo escribir, y tengo ochenta novelas para demostrarlo”, dice con toda naturalidad.

Este hombre que vivió su infancia en el Sáhara, que ha contado casi todas las guerras y conflictos internacionales de los últimos cincuenta años, que afirma ufano que ha escrito alguna novela en un fin de semana, que muchas veces prefiere jugar al dominó que sentarse a escribir, y que reconoce que “Tuareg” es el único de sus libros que vale la pena, se ha ganado la enemistad de gobiernos, editores y colegas de profesión al tiempo que ha acumulado miles de amigos y lectores en todo el mundo.

Sus novelas son entretenidas, reales, vividas, exóticas y a la vez cercanas. Exploran lugares remotos que el autor conoce bien, pero al mismo tiempo nos acercan al alma humana, un territorio que se asemeja a la jungla tropical: tan bello a veces como aterrorizador otras. Las últimas tocan temas tan controvertidos y en un tono tan crítico que sorprende pensar que el autor no las haya escrito con el chaleco antibalas puesto.

A lo largo de cincuenta años, Vázquez-Figueroa ha vivido y nos ha hecho vivir; ha pensado y nos ha hecho pensar; ha viajado y nos ha hecho viajar. Nos ha llevado al corazón mismo de la aventura, agitando nuestras conciencias sobre problemas tan graves como la sequía, la corrupción, el cáncer, el terrorismo, la deforestación, la esclavitud o la pederastia. Pero también nos ha divertido con su cinismo, su ironía y su lúcido escepticismo hacia un mundo que conoce como nadie.

Su hiperactividad le lleva a sacar un mínimo de un libro al año, dando como resultado una trayectoria irregular, con obras más logradas que otras, pero siempre fieles al carácter del autor, sin concesiones a la comercialidad (salvo, tal vez, el caso de la desafortunada y séptima secuela de “Cienfuegos”, tan tardía como innecesaria). A cambio nos ha regalado (de un tiempo a esta parte en el sentido literal, ya que todos sus libros se pueden descargar gratuitamente) joyas como “El señor de las tinieblas”, “Alí en el País de las Maravillas” o “Piratas” aparte de las ya mencionadas “Cienfuegos” y “Tuareg”, quizás lo más brillante de su producción.

Como pude decirle ayer, tengo la gran suerte de haber leído muchas de sus obras, pero también la suerte, aún mayor, de poder leer muchas otras por primera vez.

Larga vida a él y a sus libros.

viernes, octubre 23, 2009

LECTURAS DE GARRAFÓN (Y II)


La semana pasada hablábamos de dos conceptos que, en el terreno literario, horripilan a los más sesudos enemigos del éxito ajeno. Uno es “entretenimiento”; el otro, “bestseller”.


Sin embargo la búsqueda de evasión es la motivación principal de casi todos los lectores y de la mayoría de los autores de éxito. Si en una biblioteca imaginaria alguien hubiese etiquetado una estantería con el epígrafe “Literatura de entretenimiento y consumo para las masas” muchos esperarían encontrarse nombres como Stieg Larsson, Dan Brown, Ken Follet o Corín Tellado. Pero quizás muchos se sorprenderían al encontrarse otros nombres tales como Plauto, Lope de Vega, William Shakespeare, Miguel de Cervantes o Alejandro Dumas. Ninguno de estos autores concebía sus obras con el fin de aparecer en las enciclopedias ni en los libros de texto de la ESO, sino que su finalidad era divertir y entretener al lector o, en el caso del teatro, al espectador.

Esto me lo comentaba el otro día Santiago Posteguillo, autor de la magnífica y monumental saga dedicada a Escipión el Africano. Muchos de los clásicos de hoy en día, considerados literatura de culto, fueron en su momento meros entretenimientos para el gran público. Algunos quedaron, otros no. Y será la perspectiva del tiempo la que nos dirá si será Umberto Eco o Dan Brown (o los dos) quienes perduren como representantes de la literatura de finales del siglo XX y principios del XXI. Hagan sus apuestas, aunque lo más seguro es que no vivamos lo suficiente para sorprendernos.

Como decía en el capítulo anterior, a mí no me apasiona Dan Brown, pero reconozco que durante muchos años levité con las novelas de Clive Cussler, un autor que busca la diversión ante todo. ¿Lectura de garrafón? El garrafón da dolor de cabeza. Una novela de Cussler puede entusiasmar, divertir, indignar, hacer reír, llorar (ese final de “Amenaza bajo el mar”), invitar a la censura, dar un montón de buenas ideas, dar dos montones de malas ideas, pero nunca da dolor de cabeza, cosa que sí hace, por ejemplo, un libro de Juan Manuel de Prada, a quien jamás perdonaré que convirtiera una novela tan prometedora como “La tempestad” en una desquiciante orgía de barroquismo léxico –encima- premeditado.

Pero hablábamos de Dan Brown, el de la prosa infame. Sobre esto habría que decir que la prosa de Dan Brown importa tan poco como la opinión del contribuyente. O sea, nada. Es un mero vehículo para conducirnos a través de una aventura trepidante a ritmo de ametralladora, de enigma en enigma y de escenario en escenario hasta desembocar en un final sorpresa que nos haga cerrar el libro y olvidarnos de él, pero no del buen rato que hemos pasado. Vale, nos ha engañado vilmente contándonos cosas que no son verdad de algo llamado Priorato de Sión, ha mentido acerca de Bernini, ha retratado una Sevilla que no quisieran para sí ni las Favelas y Dios sabe cuántas cosas más. Pero Billy Wilder quiso que nos creyéramos que Jack Lemmon podía pasar por una mujer. Y aún no he oído a nadie ofenderse por ello.

¿Les confieso un secreto? Leer un libro no tiene por qué tener como objetivo desvelar los misterios del cosmos o la existencia (cosa que, de momento, no ha conseguido nadie). Leer un libro puede servir, simple y llanamente, para disfrutar del ocio igual que haría quien va a un karaoke a cantar con los amigos mientras se pone ciego a cubatas (de garrafón, generalmente). Disfrutar y divertirse, algo que no cabe en la cabeza de aquellos que, después de salir del baño de hacerse un solitario (perdón por la vulgaridad, hoy estoy sembrado) se preparan el tercer Ballantine´s y, con flojera en la mandíbula, critican las lecturas del prójimo sólo porque el nombre del autor no sólo no es imposible de pronunciar, sino que ocupa más portada que el título de la obra. ¿Pero nos vamos a meter con el marketing a estas alturas? ¿Vamos a prender la mecha al lado de “Casablanca”, “Lo que el viento se llevó” o “Blancanieves y los siete enanitos”? Como siempre, el tiempo pone las cosas en su sitio.

En fin, ustedes sigan metiéndose lo que quieran para pasar el fin de semana, que yo me dedicaré a pasar las páginas a “El símbolo perdido”.

La resaca posterior es cosa mía.

viernes, octubre 16, 2009

LECTURAS DE GARRAFÓN (I)



Ya sé que lo saben, pero dentro de unos días sale en España la última novela de Dan Brown: “El símbolo perdido”. Y, como también saben, lo hace con una tirada de chorrocientos mil ejemplares, muchos de los cuales ya están reservados. El resto de la información pueden obtenerla con sólo abrir un periódico o poner la tele, porque en cuestión de promocionar los éxitos seguros, los medios de comunicación no se cortan un pelo.

Yo, que no soy fan de Dan Brown pero tampoco le mandaría a la garrucha (con él he aprendido a dominar el tiempo, el ritmo y la velocidad, y también cómo no construir personajes ni elaborar diálogos), tengo ganas de leer esta novela. Y tengo ganas de leerla al margen de que la haya escrito un tipo que venda mucho o poco, que se documente poco o nada, y que su obra conste de dos libros que me tuvieron enganchado durante horas, otro que no vale el papel en el que está escrito y otro que ni he leído ni falta que me hace.

Antes de que se avergüencen de estar leyendo este blog y se pregunten por qué este humilde novelisto emprende hoy una cruzada a favor de ese tipo de libros y no de los otros, mucho más dignos y virtuosos, me adelanto y respondo: porque los otros ya están bien defendidos. Aún no he oído a nadie decir “Ese cabrón del Delibes, cómo nos tima a todos” o “El hijo de la Charo no hace más que leer a Fitzgerald. Qué pérdida de tiempo, con lo listo que parecía”.

La literatura es entretenimiento, y a quien le pique que se ponga Fernergan. Pero todo entretenimiento que se precie debe estar sazonado con algo más. Y es ese “algo más” lo que, precisamente, favorece el entretenimiento. Lo que quiero decir con este aparente galimatías es que, al menos para mí, una obra que no aporte absolutamente nada (cierta cultura, un interés por unos hechos, el tratamiento de algún tema universal, un personaje y su forma de ver el mundo, determinadas teorías más o menos viables) nunca será un libro entretenido sino un tostón ilegible confeccionado a base de vaciedad.

Hay quien dice que este tipo de libros (ya saben, esos que van impresos y encuadernados y que la gente devora con avidez) no aporta nada al intelecto ni al conocimiento de los lectores. No puedo estar menos de acuerdo. Igual que no hay mejor lección de geografía que las obras completas de Julio Verne, muchos thrillers de aventuras, con la excepción de los peores, tratarán siempre de un tema del que se pueda sacar más chicha. El problema de “El código Da Vinci” no es “El código Da Vinci”. El problema es dar por hecho que lo que en esa novela se cuenta es tan cierto como la wikipedia. ¡Crasos errores ambos! Lo que se exige en este caso es más sentido crítico y menos credulidad por parte del lector. Y si diez millones de personas se acercan a ver la Mona Lisa porque han leído algo de ella en un libro... ¡olé por las gónadas de Da Vinci, Mr. Brown y sus asesores de marketing!

Leer es una combinación maravillosa de ocio, reflexión y cultura. Cuando una obra reúne los tres requisitos, se convierte en sublime. Dos de los libros que más he disfrutado este año se llaman “Ensayo sobre la ceguera” de un tal José Saramago y “En busca de la Atlántida” de Andy McDermott, donde hay más tiros y explosiones por página que en las dos guerras mundiales juntas. Los dos libros son diferentes, pero ambos tienen algo en común: están impresos en papel, me han proporcionado grandes momentos de lectura, son sumamente entretenidos y han vendido miles de ejemplares. ¡Qué hermosas sensación la del privilegiado lector todoterreno que huye de los prejuicios para caer en el placer puro del negro sobre blanco! Además, que un libro venda o mucho es poco no es sinónimo de calidad o ausencia de la misma. Hay superventas que se las traen de lo malos que son y otros que son auténticas joyas. Y viceversa. Por ejemplo, "La Isis Dorada" vendió poquísimo y es un libro extraordinario.

Bueno, pues este momento de autocera es tan bueno como cualquier otro para cortar el rollo hasta la próxima ocasión.

(CONTINUARÁ...)

miércoles, octubre 14, 2009

EMÉRITO POSTEGUILLO


¿Sabían ustedes que los emperadores romanos endulzaban el vino con virutas de plomo y eso pudo haber sido la causa de la locura de Calígula o Nerón? ¿Y que los nobles organizaban diferentes tipos de comida en su casa, dependiendo de la categoría del invitado? ¿Y que el uso de la barba entre los hombres se puso de moda a raíz de querer parecerse al emperador Adriano? ¿Y que lo mismo cabe decir del peinado de las mujeres en función de cómo llevase el pelo la emperatriz? ¿Sabían que en una novela de Santiago Posteguillo jamás verán al público alzar los pulgares para pedir el indulto de un gladiador hasta que el autor encuentre una fuente fiable que le demuestre que esto en realidad se hacía así?

De todo esto nos enteramos el martes pasado en la presentación para los medios de “La traición de Roma”, cierre de la monumental saga que Posteguillo dedica a la figura de Publio Cornelio Escipión, y que tuvo lugar en un entorno tan interesante y apropiado como el museo romano de Mérida. Allí, el autor valenciano destacó la importancia de este personaje que venció a los cartagineses, afirmando que “Gracias a Escipión, hoy somos como somos”.

Para Posteguillo -como para servidor- la literatura es un modo de entretenimiento que sirve como vehículo para la cultura. Quien lea “La traición de Roma” (o sus dos precuelas, “Las legiones malditas” y “Africanos, el hijo del cónsul”) se verá inmerso en la Roma republicana, en sus grandes batallas y conquistas, y en la vida cotidiana de sus gentes. Asistirá a un espectáculo de primera al tiempo que aprende infinidad de detalles históricos gracias a la laboriosa y contrastada documentación que Posteguillo maneja con soltura y que inserta, no a paladas, sino con la finalidad de instruir deleitando, sin perder nunca de vista la función dramática que, para todo buen relato, debe ser lo primordial.

Fue especialmente interesante asistir a las “tribulaciones” de un escritor ante las vitrinas de un museo. Es allí, en frente de pequeños fragmentos de vasijas, estatuillas de dioses o terra sigillata, donde la imaginación se dispara en busca de preguntas que, posteriormente, encuentran respuesta en los libros de Historia y destino en las páginas de las novelas. Posteguillo nos habló de la importancia de las fuentes directas (aquellas que se pueden ver y tocar), y que con la ayuda de las fuentes escritas, dan lugar en la mente del novelista al desarrollo de imágenes, escenas y capítulos.

A quien esto escribe, la original exposición le pareció doblemente fascinante, debido al hecho de que uno, aparte de autor, es licenciado en Historia del Arte, por lo que su mirada ante las piezas del pasado se abre con más variedad de perspectivas que la de aquel que sólo es novelista o historiador.

Si tienen ocasión, echen un vistazo a la saga de Escipión escrita por Santiago Posteguillo. Como dice uno de sus lectores: “Dale veinte minutos al libro y no podrás desengancharte”. Ayer, en un trayecto en autocar de tres horas, pude constatar que esto era así.

La traición de Roma.
Santiago Posteguillo.
Ediciones B.

lunes, julio 13, 2009

ENCUENTRO CON JAMES ROLLINS


El viernes pasado tuvo lugar en la librería Mysterious Bookshop de Nueva York un encuentro con varios escritores invitados a Thrillerfest 2009, el festival de novela de misterio y aventuras que se celebra cada año en esta ciudad.

La librería es de por sí una joya para todos los amantes del género: estanterías que llegan hasta el techo, libros nuevos, antiguos, una sección dedicada al pulp, otra sólo para Sherlock Holmes y Sir Arthur Conan Doyle, y una decoración muy apropiada que incluye esqueletos ahorcados y otras lindezas. También hay una buena colección de libros firmados por autores como Robin Cook, Douglas Preston y Lincoln Child, James Patterson, etc.




Yo fui allí con el expreso deseo de conocer a James Rollins, el autor de la serie Sigma Force así como de la novelización de la última película de Indiana Jones. Rollins es un veterinario, aventurero y novelista que escribe dos libros al año y con quien compartí editorial en España, ya que su "Map of bones" (aquí titulado "El sarcófago de los reyes magos") y mi Isis Dorada fueron publicadas por Suma de Letras.



A Jim le hizo ilusión enterarse de esto, así como de que fue su libro el que me hizo conocer el sello que publicó mi opera prima. A mí charlar un rato con él, compartir una copa de vino (aunque él sólo tomó Cocacola Light) y pedirle que me dedicara su último libro: "The Doomsday Key". De esta manera, Rollins y servidor somos ya como hermanastros de papel, o algo así, uno a cada lado del charco.

Thanks, Jim.

Más información sobre James Rollins en: www.jamesrollins.com

miércoles, julio 08, 2009

ESCRIBIENDO EN NUEVA YORK


Hace ya más de un año que puse los pies en esta zona del mundo para escribir mi anterior novela. Aquella vez fue en una casita unifamiliar de Connecticut, donde terminé una historia juvenil ambientada en el mundo de los juegos de rol por Internet, con personajes de la zona y una ambientación que mezclaba un lugar nacido de la fantasía con lugares tan reales como Michigan o Chicago.

Ahora he vuelto a los Estados Unidos. Estoy en Nueva York, viviendo en la planta 16 de un edificio de 20 pisos, rodeado de restaurantes de comida rápida, supermercados que abren toda la noche y cafeterías que sirven sus bebidas en vasos de papel, muy cerquita de Central Park. La historia que estoy escribiendo no se desarrolla aquí, pero decía Hemingway que no había nada mejor que viajar a algún lugar para escribir sobre otro lugar. En España escribí MUSEUM, una historia ambientada en Nueva York; y ahora en Nueva York estoy escribiendo una historia que se desarrolla en España. Paradojas de la literatura.

El año que viene tal vez vuelva por aquí para continuar la tradición. A ser posible invitado por mis, de momento, inexistentes editores americanos. Pero la literatura también es sueño, y por soñar que no quede.

jueves, mayo 21, 2009

PERIPLO SUREÑO

Para hacer bien el amor hay que venirse al sur, cantaba Rafaella Carrá. Les juro que yo no fui a eso, pero amor sí que encontré. Amor por la lectura y por la escritura. Como el Tolito de la canción de Sabina, he descubierto el arte y el placer de ir rodando de feria en feria. Primero fue la de Málaga, con un público tibio que halló su contrapunto en la calidez de los colegas escritores que compartieron charlas, juergas, comidas y firmas con servidor.

Aquí abajo, de izquierda a derecha y de arriba abajo: Jorge Magano, Patrick Ericson, Fedra Egea, Jerónimo Tristante y Pilar Sánchez-Garnica.




Una semana después, tocó Sevilla. Esta vez la organización y el público eran otra cosa. La gente que pasaba ante las casetas, lo hacía para ver (e incluso comprar) libros, y la firma fue bastante exitosa.



Además tuve la oportunidad de presentar FABULAND en el incomparable marco renacentista de la sala El Apeadero del ayuntamiento. Como maestro de ceremonias, mi amigo el escritor José Ángel Muriel, que diseccionó mi novela con cariño y admiración. Las mismas que yo le profeso a él.

jueves, marzo 26, 2009

I JORNADAS MEJOR CON UN LIBRO

El fin de semana del 20 al 22 de marzo tuvo lugar un hecho insólito.


Al sur de un país que no lee, un puñado de escritores, lectores y público en general se congregó en torno a un demencial proyecto de nombre tan lúcido como obvio: Mejor con un Libro.





La asociación presidida por el ilustre Juan Ramón Gálvez pretende llevar el hábito lector por toda la geografía andaluza, sin desdeñar la posibilidad de sacarlo fuera de sus fronteras, llegando a sitios como Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana e incluso Astorga y la Marca Hispánica.


En el acto de presentación de la asociación participaron numerosos escritores que actuaron como padrinos, entre ellos yo mismo, que tuve el honor de firmar el libro inaugural al lado de autores de la talla de Jerónimo Tristante, Pedro de Paz, Marta Querol, José Ramón Biedma, Olalla García, Miguel Angel León Asuero, Eva Pérez, Paloma Sánchez-Garnica, Patrick Ericson, José Angel Muriel, David G. Panadero, José L. Baca y Félix G. Modroño.



Fue un acto interesante que contó con la participación del público y que dio el pistoletazo de salida a las actividades del día siguiente, que comenzaron con un cuentacuentos en la Fnac de Málaga, donde servidor prestó su voz a una de las dos historias escritas por Eva Pérez que fueron allí narradas, siendo la otra contada por su propia autora.





La siguiente actividad me tocó de cerca: presentación de FABULAND en la Librería Luces, con un padrino de excepción: Patrick Ericson. No me olvido de que antes tuvo lugar en la misma librería una interesante conferencia sobre asesinos en serie de la mano de Francisco Pérez Fernández, pero no sería justo comentarla ya que durante buena parte de la misma, Patrick y yo estábamos quitándonos los nervios a base de lingotazos de Pedro Ximénez. Sin embargo, por la parte que pude oír y a juzgar por los comentarios de otros compañeros, la exposición fue notable y bien preparada. Lástima que el ponente no pudo finalizarla porque se echaba el tiempo encima y la juventud venía empujando.




A la tarde (no ¡hala, qué tarde!, que también) tuvo lugar otra actividad que bajo el título "Tengo una respuesta para ti" nos llevó de nuevo a la Fnac, donde los autores tuvimos ocasión de charlar con nuestros lectores y firmar libros. Algunos firmaron mucho empleando técnicas de marketing agresivo. A otros, en cambio, nos bastó con nuestro natural encanto... para firmar menos. Aunque Fabulands firmé unos cuantos (que espero que luego la gente comprara, porque si no vaya plan).




Los actos culturales culminaron de nuevo en la Librería Luces, donde, tras otra ronda de Pedro Ximénez, se invirtieron las tornas y el que suscribe presentó a Patrick Ericson, que nos habló de la génesis de su novela GÉNESIS, centrándose en sus aspectos más esotéricos y documentales. Y de nuevo, firma que te firma. Según me dicen, su muñeca sigue en fase de rehabilitación por orden del traumatólogo de don Patrick.





El fin de fiesta tuvo lugar en el hotel donde nos alojábamos la mayoría de los asistentes, e incluyó copiosa cena, copas, risas y bailoteo, así como un striptís parcial del autor de LA ISIS DORADA que, sin saber cómo ni por qué, fue captado por las cámaras espía que había en la sala. Atención al segundo 12






En definitiva, un fin de semana insólito y sorprendente, que esperamos deje de ser insólito, en el que los libros y la diversión demostraron no sólo no estar reñidos sino ser casi sinónimos.

miércoles, marzo 11, 2009

LA ISIDE D´ORO

Tras más de un año de espera, hoy me he enterado de que mi opera prima saldrá en la lengua de Bernini el próximo mes de abril, publicada por la editorial IL PUNTO D´INCONTRO.

He aquí la sobria y bonita portada y la sinopsis:


Sesto secolo d.C., Tempio di File. L’ultimo rifugio della religione egizia viene saccheggiato e distrutto dall’esercito bizantino, cadendo nell’oblio. I suoi tesori scompaio senza lasciare traccia... fino ai giorni nostri.
Oggi, Madrid. Gli atti vandalici contro i negozi che vendono riproduzioni di arte egizia sono diventati la norma. Tutto sembra condurre a un gruppo di fanatici cristiani che vogliono cancellare ogni residuo di paganesimo. Per lo studioso di storia dell’arte Jaime Azcárate, le festività natalizie stanno per trasformarsi in un vortice di intrighi e di pericoli. Per ottenere un posto nella rivista Arcadia, Jaime si getta in un’indagine che lo metterà ben presto sulle tracce di qualcosa di molto più grande di quanto pensava: interessi nascosti, capaci di scatenare un’ondata di violenza e distruzione, e un mistero che dura da più di duemila anni.

lunes, febrero 02, 2009

FIESTA FABULAND

El sábado pasado viví uno de esos momentos perfectos, mágicos, inolvidables. Los ingredientes, los mejores: buenos amigos, buena comida... y mi nuevo libro. De la bebida y lo que pasó después mejor no hablamos, pero el encuentro fue memorable. Gracias a todos por vuestro entusiasmo, vuestra amistad y la ilusión que vi en vuestra mirada, que es el motor que me impulsa y la recompensa que hace que todo esto valga la pena.