sábado, abril 12, 2014

CARICIAS Y CICATRICES

No querría escribir esta entrada por tres razones. La primera, porque el suceso que la motiva no tendría que haber ocurrido. La segunda, porque tengo miedo de no estar a la altura. La tercera, porque superado el dolor de los primeros días sólo quedan tristeza, resignación y melancólicos recuerdos. Y ni la tristeza, ni la resignación ni la melancolía son tan literarios como el dolor en su estado más cruel. Ni yo me siento capaz de expresar con palabras sentimientos tan intensos como los que han marcado nuestras vidas en los últimos meses.

Permitidme que os la presente. Se llamaba Valentina y fue el primer gato que me atreví a coger en brazos. Era grande, bicolor y muy pulcra; amante de la comida, enemiga del ejercicio físico y fan del cine en blanco y negro, particularmente del europeo. Mientras que la tele en general le provocaba indiferencia, ante las películas de Fellini, Visconti o Rossellini demostraba una concentración impropia en una gata y hasta en un ser humano. Siempre tuvimos la sospecha de que sus ancestros eran italianos, y ahora estamos seguros de que lo eran. Después de interrogar al portero del edificio donde Laura, mi mujer, vivía cuando la encontramos, hemos podido saber que el ingrato dueño que la abandonó en la escalera regresaba a su patria italiana cuando la dejó en manos del destino. Y éste, en las nuestras.



 No es tontería lo del destino. Si Sara Baras no hubiera actuado esa noche en Madrid; si para el evento Laura no se hubiera puesto esos zapatos de tacón en sus pies, ya maltratados durante interminables caminatas por esta y otras ciudades; si no se hubiese roto el metatarso y no se hubiera visto obligada a pasar un tiempo postrada en una silla de ruedas, aquella noche de verano en que decidimos salir a cenar podría haber bajado en el ascensor y no en el montacargas. Pero entonces no la habríamos visto allí, en el rellano del segundo piso, asustada al principio pero mimosa en cuanto comprobó que no éramos una amenaza sino una fuente de comida, amistad y cuidados. Ninguno de los tres sospechaba que seis años más tarde, tras muchos episodios felices y tres mudanzas, nos veríamos envueltos en aquella  inesperada odisea de trágico desenlace. 


El rellano donde la vimos por primera vez.



Todo empezó con un moco y una legaña, algo habitual en la mayoría de los animales cuando se resfrían, pero que en los gatos puede ser síntoma de algo peor. Y lo fue. Valentina tenía cáncer. Un tumor que provocó una gran masa en su cavidad nasal y que afectó a su sentido del olfato. Un gato que no huele es un gato que no come, y un gato con problemas gastrointestinales que no come, muere en pocas horas. Su situación se empezó a complicar, y la nuestra también. Hubo que ponerle un tubo gástrico para alimentarla y establecer un rígido programa de medicación. Nosotros dormíamos lo justo, y ella alternaba la excitación de los corticoides con la apatía de los analgésicos. Cada vez pasaba más tiempo en la clínica, con problemas respiratorios, deshidratación y babeo. La bella Valentina, la que llamaba la atención de los peatones las pocas veces que la sacábamos a la calle, se había convertido en una copia sucia y arrugada de sí misma. Hubo un momento en que pareció recuperarse del todo y eso nos hizo albergar esperanzas; pero el necesario cambio de medicación volvió a sumirla en un estado incómodo para ella y descorazonador para nosotros, que, sin embargo, continuamos suministrándole sus medicinas y sus cuidados sin rechistar, lo cual supuso una sorpresa y un autodescubrimiento de mi "yo" menos egoísta e irresponsable (características que, de por sí, son consustanciales a mi "yo"; o eso creía).

Hasta que la oncóloga que la trataba nos dio una mala noticia: “La situación de Valentina es más complicada de lo que creíamos”. Y también una esperanza: “El tratamiento con más posibilidades de curación para ella es la radioterapia”. Y una dificultad: “En España no hay radioterapia curativa para gatos”. Y una solución: “Pero en Suiza sí”.

Seguramente este habría sido el final del camino para muchos. La mayoría de la gente, por mucho que quiera a sus mascotas, no tiene la posibilidad o los medios para poder pasar tres semanas en Suiza y costear el tratamiento. Por suerte, nosotros llevábamos tiempo ahorrando para un piso: un sitio con techo, paredes y suelo. Creo recordar que ni Laura ni yo tuvimos la menor duda de lo que debíamos hacer. De techos, paredes y suelos estaba el mundo lleno. Lo sabemos porque cada noche, desde siempre, dormimos sobre un suelo, bajo un techo y rodeados de paredes, aunque estos hayan cambiado ya varias veces y, afortunadamente, vayan a seguir cambiando. Sin embargo Valentina sólo había  una, y si no intentábamos salvarla la perderíamos para siempre. Eso era lo único seguro entonces.

Siempre he pensado que la vida es mucho más de lo que nos cuentan. En mis casi 38 años de existencia sólo he seguido el compás de mi canción, sin dejar de escuchar otras melodías, pero siempre fiel a la mía. He huido de las convenciones, las imposiciones, los “esto es lo mejor” y “esto es una locura”. Lo que Laura y yo estábamos dispuestos a hacer por Valentina era una locura, pero para nosotros no había decisión más sensata. La mayoría de la gente haría lo que fuera por un familiar o un ser querido, y Valentina para nosotros no era  simplemente un gato. Era un individuo con personalidad y carácter propios, intransferibles, que además formaba (forma) parte de nuestra vida y tenía (tiene) un significado especial para nosotros por el modo en que apareció y permaneció (permanece) a nuestro lado.

Lo que viene a continuación lo recuerdo con lágrimas en los ojos. Los preparativos, la emoción, los nervios, y sobre todo la esperanza de que todo saliera bien, de que el esfuerzo diera sus frutos. De que la buena fortuna velara por quienes arriesgan, apuestan y se sacrifican por las causas justas, aunque la realidad diaria nos demuestre que no suele ser así. En este párrafo, el dolor que parecía diluido cuando comencé a escribir regresa con nuevo vigor. La vida vuelve a demostrar su crueldad, su carácter imprevisible, su juego trágico y caprichoso. Durante el trayecto Laura y yo fantaseábamos con la idea de que esa road movie protagonizada por una mujer, un hombre y una gata tuviera un final feliz y sirviera de ejemplo y de ilusión a quienes alguna vez se vieran en una situación parecida. El de Valentina sería un caso famoso: el de dos humanos y un animal que jugaron y ganaron. Otra esperanza truncada.

Fue un viaje lleno de emociones, de miedo, de optimismo, de humor y amor en estado puro. Quien tenga pareja sabe que los viajes, sobre todo si son largos, conforman un caldo de cultivo ideal para las discusiones, las broncas y los malos rollos. No hubo nada de eso durante las dos semanas largas que pasamos allí. Al contrario, casi todo fueron alegrías. Ver cómo Valentina mejoraba a los tres días de tratamiento, su mucosidad disminuía y su apetito aumentaba (ya no necesitaba el tubo); permitirnos el lujo de cenar media pizza junto al lago Zug (una de las ciudades más caras y con menor índice de paro de Europa) tras muchos días racionando en la habitación del hotel los escasos comestibles (ensalada y queso, principalmente) que comprábamos en Lidl; un par de visitas a Lucerna, donde todo era sol, civismo y felicidad, casi unas vacaciones. No era para menos: aunque siempre albergamos el temor de volver a casa con una caja llena de cenizas, no iba a ser así. Ya teníamos claro que volveríamos con ella viva, y aunque habría que seguir con tratamientos y medicación, todo indicaba que habíamos salido victoriosos de la primera batalla. Que el esfuerzo había merecido la pena.


Entonces alguien abrió la caja de las desgracias. Valentina, nadie sabe cómo ni por qué, comenzó a cojear de una pata, a mostrar síntomas de dolor, de apatía y de malestar. Las radiografías mostraron un desgarro severo en su hombro derecho que no tenía explicación. La doctora que la trataba en Suiza nos recomendó que regresáramos a casa lo antes posible, que ella se sintiera cómoda de nuevo, que olvidara las visitas al hospital por un tiempo. Eso no pudo ser. Desde entonces el estado de Valentina no hizo más que empeorar: dejó de comer, regresaron los mocos (supuestos efectos secundarios de la radioterapia) y su cojera se extendió a otras patas. Pasaba el día inmóvil, tirada en el suelo, incapaz incluso de desplazarse a su arenero. Su carácter, tranquilo y cariñoso, se volvió arisco, el de alguien que ha sufrido demasiado y sólo quiere irse en paz. Creo que desde que volvimos a España pasó más tiempo en el hospital que fuera de él. Los veterinarios sugirieron la posibilidad de dejar de tratarla, pues su calidad de vida era ya ínfima y el estrés al que seguíamos sometiéndola no hallaba compensación en lo poco que los medicamentos parecían hacer por ella. Pasó el último fin de semana ingresada y en observación. Nadie sabía qué le pasaba, por qué se había deteriorado tanto en tan poco tiempo. Y probablemente nunca lo sabremos.

El corazón de Valentina dejó de latir la mañana del domingo 6 de abril, y los nuestros con el suyo. El recuerdo del viaje a Suiza se enturbió. La luz se convirtió en tinieblas. La alegría, en profunda tristeza. El cielo, en infierno. 

El miércoles fuimos al crematorio a recoger sus cenizas, que hoy reposan en un bote metálico, en lo alto de una estantería de la misma habitación donde tantos cuidados le dimos, y donde, cuando estaba bien, pasaba el tiempo asomada a la ventana, maullando a los pájaros. Fue entonces, al ver cómo esa criatura pulcra, peluda y mullida de increíbles ojos verdes había quedado reducida literalmente a cenizas, cuando por primera vez fui consciente de que no volvería a verla. Es una sensación triste y extraña que no había tenido hasta ahora. Quitando a mis dos abuelos varones (a los que apenas conocí, a uno por ser yo demasiado pequeño y al otro por falta de trato), es la primera vez que pierdo a un miembro de mi familia. Porque Valentina era eso. Un miembro de la familia que llegó a nuestras vidas de casualidad y se fue tras seis años de felicidad recíproca y tres meses de lucha infatigable que al final la obligaron a rendirse, dejándonos a cambio una profunda pena por su marcha, pero la alegría de haberla conocido. Y, en mi caso, de haberme reconciliado con esos seres de mala prensa a los que, para colmo, era alérgico y ahora soy adicto.

La vida da y quita, y eso ha hecho con Valentina. Nos dio todo y nos quitó mucho. Pero si algo tengo claro desde hace tiempo es que este breve viaje no es más que una colección de vivencias que a veces te acarician y otras veces te hieren. La historia de Valentina nos ha dejado miles de caricias y una sola herida, profunda y dolorosa, que algún día se cerrará convirtiéndose en una cicatriz tan hermosa e imborrable como ella.

El viaje continúa y ella camina a nuestro lado. Para siempre. 






jueves, junio 06, 2013

MUSEUM. NOVELA PREMIADA EN EL SPEED DATING DE AMAZON


El pasado Sant Jordi, Amazon celebró en Barcelona un encuentro con autores que permitió a los asistentes charlar e intercambiar impresiones con algunos de los escritores superventas de la plataforma líder en ebooks. Algunos de ellos, como Fernando Gamboa o Juan Gómez-Jurado, son ya viejos amigos. A otros no los conocía más que de nombre, pero me demostraron que aparte de ser excelentes contadores de historias, son además buena gente. Y hasta guapos y simpáticos, lo cual no es habitual en eventos de esta categoría. Hablo de Lena Blau y Esteban Navarro, cuyos libros forman ya parte de mi pila de lecturas inmediatas.

Aparte de estas figuras ya consagradas, tuve ocasión de conocer a otros escritores como Josep Capsir, Isabel Mata Musik, Marc Fontanillas-Baella y otros a los que envío un abrazo de tamaño inversamente proporcional a mi capacidad para recordar nombres y apellidos.

Una de las actividades estrella de este encuentro fue algo denominado Speed-dating, que daba a autores noveles y no tan noveles (servidor tiene ya seis libros publicados) la oportunidad de "vender" sus proyectos a los directivos de Amazon para que éstos seleccionaran las tres obras que consideraran más atractivas y darles un tratamiento promocional especial.

En principio me pareció una cosa un poco rara, pero como soy incapaz de resistirme a un buen sarao literario especialmente si dan de desayunar (y aquí daban), decidí dejarme caer con una novela que llevo años mareando y que, entre unas cosas y otras, no había acabado de rematar. Me dije que esa era mi oportunidad, la rematé y me presenté allí con mi mochila y mi billete de AVE. Y mi novela. Y como en el Olimpo debe de haber algún dios que vela por los escritores con morro, mi novela fue una de las tres premiadas.

Ahora, pasado ya más de un mes y recuperado del pasmo inicial, creo que es el momento de presentárosla.

Se titula MUSEUM y es una novela coral que, como su propio nombre indica, se desarrolla en un museo de arte. De alguna manera la idea inicial era homenajear o recuperar el espíritu de las novelas de Arthur Hailey, el célebre autor inglés a quien debemos frases tan míticas como “Elegí un mal día para dejar de oler pegamento” o “No, ya he estado nervioso muchas veces”.

No, Hailey no tiene nada que ver con "Aterriza como puedas", pero sí con la novela "Aeropuerto" de la que ésta es parodia. Y también con "Hotel", que se convirtió en película y luego en famosa serie de televisión. Ambas novelas fueron muy populares en los años 60 y cuentan una historia de crisis que tiene lugar en un breve espacio de tiempo en un lugar concreto (un aeropuerto y un hotel respectivamente). La peculiaridad narrativa de estas novelas es que están contadas desde los prismas de los distintos personajes que las componen. En el caso de "Aeropuerto", el piloto, el controlador aéreo, el pasajero, la azafata, el tío que lleva una bomba… todos con sus conflictos y sus historias secundarias  al servicio de la trama principal.

MUSEUM recoge esa tradición y añade además un enigma artístico. Al igual que en sus referentes la historia salta del jefe de seguridad a la chica que vende las entradas, a la fundadora del museo, a los asaltantes, a los reporteros de televisión, al jefe de la cadena, al visitante que viene de otro país, etc.

Mientras escribo estas líneas, el mecanismo interno de Amazon se encuentra procesando la novela, que si nadie lo remedia estará colgada y lista para su venta y lectura en pocas horas. Desde aquí les invito a echarle un ojo (o los dos) y me comenten luego a través de los canales habituales (Amazon, Facebook, Twitter o este mismo blog). En un próximo post adelantaré la sinopsis y hablaré un poco más del libro. 

Hasta entonces cuento los minutos mientras intento pensar el algo que no sea morderme las uñas y escupir los trocitos por el piso.





lunes, abril 29, 2013

LO INEVITABLE


Internet, como el mundo, está lleno de personas que se pasan el día diciendo que son artistas. Luego están esas otras, las que no lo dicen porque emplean su tiempo en demostrar que lo son. Es un honor presentar el primer trabajo de Edu Jerez, músico y cantante, con vídeo de su hermano, mi "primo", Gonzalo Jerez "El Selenita". Dos tipos que no tienen tiempo de decir lo artistas que son porque llevan años trabajando duro para que lo digamos los demás. El resultado, inevitablemente, salta a la vista (y al oído).


viernes, abril 12, 2013

LA ISIS DORADA... AHORA EN EBOOK

Lo he dicho en muchos sitios, pero creo que aún no me había acercado a comentarlo en este blog. El motivo es que, como sabéis los que lo seguís, este es un rincón que utilizo para expresarme y dar mi opinión acerca de asuntos varios que pueden o no tener que ver con mis novelas.

Bueno, últimamente sí tenía bastante que ver. Y esta entrada, también. Pero es que la ocasión lo merece.

LA ISIS DORADA, la mítica y primera aventura del gran Jaime Azcárate está de nuevo con vosotros. Y a un solo clic de distancia. Sólo hay que pulsar sobre la foto de abajo y... dejarse llevar por la aventura.

 

miércoles, mayo 02, 2012

EL REGRESO DE UN VIEJO AMIGO

Aunque desde hace algún tiempo ando metido en otras historias, nunca he podido olvidar mis orígenes como novelista. Y estos están íntimamente ligados a un personaje que se ganó un hueco en el corazón de cientos de lectores y de quien no he podido (ni querido) desprenderme.


Quizás algunos lo recordéis. Se llama Jaime Azcárate, un licenciado en Historia del Arte metido a periodista que vive las más asombrosas aventuras en territorio desconocido tratando de desenmarañar los más complicados misterios, tanto del cosmos como de su bloque de vecinos.

En 2007 protagonizó una novela de aventuras titulada LA ISIS DORADA, que fue publicada por Suma de Letras, traducida al italiano, y convertida en el libro más debatido del foro Ábrete libro con casi 2000 comentarios.


Por motivos que no vienen a cuento, la segunda aventura del personaje, DONDE NACEN LOS MILAGROS, vio postergada su aparición hasta que a principios de año decidí no esperar más y publicarla en formato digital.


Para mi sorpresa, la novela se encaramó enseguida al primer puesto de la lista de Ficción Religiosa de Amazon además de ocupar uno de los primeros lugares en la categoría de Acción y Aventura. La reacción de los lectores no ha podido ser mejor dadas las circunstancias (no olvidemos que el uso de lector electrónico no es todavía mayoritario en nuestro país), por lo que ahora tengo más claro que nunca que las aventuras de Jaime Azcárate tienen aún un largo camino que recorrer.


Por ello, el mismo personaje ha decidido crear un blog en el que haceros partícipes de sus aventuras pasadas, presentes y futuras. Un lugar en el que las vivencias personales de Jaime se mezclan con lugares extraordinarios, viajes asombrosos, tesoros ocultos, misterios milenarios y leyendas, desde las más exóticas a las más cotidianas.


Para mí es un placer apadrinar este nuevo blog que se pondrá en marcha el 3 de mayo de 2012 y que pretende ser un punto de encuentro entre Jaime Azcárate y sus lectores. Porque aunque mi cometido sea poner sobre el papel sus divertidas y peligrosas andanzas, él es el auténtico protagonista.


Así que ya lo sabéis: si os gustan las aventuras repletas de acción, suspense, enseñanzas impagables, amor en estado puro, violencia en salsa americana, enigmas histórico-artísticos, costumbrismo castizo, venganzas personales, sangre, traición, amistad, rencor, odios, instintos criminales, ironía vertida, sexualidad invertida, atracción pervertida, sorpresas electrizantes, terrores atávicos a tutiplén... este es vuestro blog.


Que lo disfrutéis,


@Jorge_Magano, 2 de mayo de 2012

miércoles, enero 11, 2012

DONDE NACEN LOS MILAGROS





Año 712 de la Era Cristiana. El eremita Frutos y sus dos hermanos dan cobijo en su cueva a un numeroso grupo de cristianos que acuden perseguidos por las huestes sarracenas. Poco antes de que éstas alcancen el rocoso espolón que les sirve de refugio, Frutos traza una línea imaginaria con su bastón, el suelo se derrumba y los musulmanes caen al vacío. O eso cuenta la leyenda...

En la actualidad, Jaime Azcárate, redactor de la revista Arcadia, se entera de que el cuerpo sin vida de un profesor con el que tiempo atrás compartió una loca expedición ha aparecido cerca del lugar donde tuvo lugar el milagro del que ahora es conocido como San Frutos. El análisis forense dictamina que el profesor fue asesinado. ¿Pero por quién y por qué? Tal vez la clave esté en el extraño diagrama geométrico que el difunto llevaba consigo en el momento de su muerte… un diagrama cuyo diseño parece repetirse en muchas de las cuevas de la zona.

La joven Pilar Yagüe descubre uno de estos diseños en una cueva que ha permanecido oculta durante siglos en el sótano de su casa. Acompañada por Jaime, iniciará una búsqueda milenaria en pos de uno de los talismanes más sagrados de la Antigüedad. Un objeto de un poder arrasador que, como es lógico, tiene otros pretendientes.

Todo parece indicar que el final de la búsqueda está en la tumba de San Frutos. Pero el camino estará plagado de peligros atroces, obstáculos mortales y bastantes situaciones interesantes.

Hazte con él en Amazon.

EL REGRESO DE JAIME AZCÁRATE


                               El autor en la Cueva de los Siete Altares, una de las localizaciones de la novela.


Hace ya cinco años, las librerías de España se prepararon para recibir a un héroe diferente. Un tipo noble pero patoso; valiente pero sencillo; con una curiosidad insaciable y una inmadurez sentimental que haría las delicias de un gabinete psiquiátrico. El tipo en cuestión se llama Jaime Azcárate, y le conocimos en aquella inclasificable y castiza aventura titulada LA ISIS DORADA. Le vimos resolver enigmas, luchar contra fanáticos religiosos, enfrentarse a sus propios miedos y, no en pocas ocasiones, hacer el más espantoso de los ridículos.

Hoy Jaime Azcárate ha vuelto. Renovado, más moderno, más ecológico y, sobre todo, más barato.

Muchos fuisteis los que disfrutasteis con su primera aventura y pedisteis una segunda. Pues aquí la tenemos ya mismo para quien tenga Kindle (o la aplicación correspondiente para iPad) y la quiera leer.

Se llama DONDE NACEN LOS MILAGROS y es una historia habitada por santos y demonios, leyendas y misterios, cuevas y catedrales, corderos y vinos... Ya en mis tiempos de estudiante me di cuenta de que el Románico era un arte extraordinario, pues en las inmediaciones de una iglesia o ermita, siempre hay un asador. Por eso decidí ambientar esta novela en tierras segovianas. Bueno, por eso y porque el paraje me inspiró una historia que no pude dejar de escribir. 

El resultado está en estas páginas. Para hacerte con ellas, sólo necesitas ir al siguiente enlace y seguir las instrucciones:

http://www.amazon.es/DONDE-NACEN-MILAGR ... telibro-21

Fácil, ¿verdad? Gracias a todos por vuestra fidelidad y vuestra espera, que ha sido la mía. Espero que Jaime Azcárate conserve a sus viejos amigos y siga recolectando nuevos camaradas de aventuras.

Jorge Magano

martes, enero 03, 2012

DONDE NACEN LOS MILAGROS (BOOK-TEASER)


En primicia para los seguidores de este blog... ¡El book-teaser de DONDE NACEN LOS MILAGROS! Una aventura de Jaime Azcárate repleta de acción, misterio, religión, tesoros perdidos, litros de Ribera del Duero y cuantiosas fuentes de cordero asado. Próximamente daremos más datos. Por ahora, disfruten del teaser. Y de la vida, caray, que son dos días.




lunes, noviembre 14, 2011

Hasta siempre, Nevada





Querida Nevada:

Según me cuentan, cuando te conocí ya no eras la moza enérgica y pizpireta que fuiste en tiempos. Yo te vi ya como una vieja dama -digna y cascarrabias como todas las viejas damas-, que reclamaba su territorio y defendía sus prerrogativas ante las nuevas generaciones que amenazaban con destronarte. Por aquel entonces aún saludabas al recién llegado y le brindabas tu compañía en la mesa, a la espera de que algún trozo de pan, carne o verdura se deslizara hasta tu boca, y gruñías con legítima autoridad cuando Canela o Estrella se acercaban al pedazo que, tú sabías, te correspondía por derecho.

Eso fue durante nuestros primeros encuentros. De pronto, sin saber cómo, te vi privada de tus sentidos, de tu capacidad para maniobrar, para decidir, para conocer. Te recuerdo tiritando tras caerte al agua, atascándote en la malla del jardín, solicitando silenciosa que te subiera en brazos a tu cuarto o te bajara a la zona del patio donde tenías tu comedero, ya que no eras capaz de enfrentarte a las escaleras. Para mí –y lo que voy a decir es muy injusto- fuiste el animal viejo, el otro, el que marcaba el contraste generacional con esas otras dos furias llenas de lozanía y vitalidad que acudían ladrando y saltando cada vez que me veían aparecer. Pero no era necesario un esfuerzo demasiado grande para comprender que para tus amos de siempre eras Nevada, la auténtica, la primera, la reina de la casa, el espíritu del hogar.

Desde que eras un cachorro, ellos –me consta porque al igual que tú tengo el honor de conocerlos bien- te dieron lo mejor: cuidados, alimentación, cariño, un entorno ideal, remedios para tus males (el último de los cuales, muy a su pesar, te han administrado hoy). Tú -no a cambio porque también sé que los perros como tú no hacéis favores interesados-, les proporcionaste catorce años de felicidad, de compañía, de fidelidad. Pero, ay, vieja Nevada. Lo que para nosotros es un parpadeo, para ti es toda una vida. Y en ese desajuste temporal nos debatimos los humanos que, pese al dolor de la inevitable pérdida, seguimos empeñados en convivir con vosotros, en sufrir vuestros males y en ser testigos dolientes de vuestra fragilidad y vuestro efímero ciclo, conscientes en todo momento de que vosotros haríais por nosotros lo mismo si en vuestra mano (o en vuestra pata) estuviera.

Te confesaré algo, Nevada. No soy una persona sensiblera. En mi casa los animales han sido siempre fuente de proteínas (estoy seguro de que en eso pensamos igual), y siempre he creído que cada criatura tiene su función. Jamás he disparado contra ningún animal, y no creo que encontrara ningún placer en hacerlo; pero tampoco me negaría a hacerlo en caso de necesidad, jamás como diversión o deporte. De igual modo, tampoco dudaría en disparar a aquel congénere mío que maltratara a su mascota. Vamos, que no tengo a los animales idolatrados, como tampoco guardo ciega devoción por esos otros bichos que me cruzo diariamente en la Gran Vía. Pero un tópico, por tópico que sea, no deja de ser cierto. Y es necesario convivir con un perro como tú o un par de gatos como los que tengo en casa para abrir los ojos y darse cuenta de que los animales sois algo más que seres inferiores con patas, orejas y rabo. Una paloma o un cerdo pueden ser fuente de proteínas, pero un gato o un perro son, aunque suene radical, fuente de muchas de esas virtudes que hoy en día echamos a faltar en algunos humanos.

Hoy te he visto marcharte, rodeada de aquellos que más te quisieron, dejando atrás tu sufrimiento y el de ellos, envuelta en despedidas, llantos y cariño. Y mientras desde cierta respetuosa distancia compartía con vosotros ese momento tan duro, pensé que te tenía envidia. Que estaba viendo a cuatro seres vivos afortunados, que tuvieron la inmensa suerte de coincidir en el espacio y en el tiempo, y que durante esos años fueron felices. Tú les diste a ellos esa felicidad y ellos te han dado hoy la opción de marcharte sin sufrir.

Llegará el invierno y caerá la nieve. Y con esos primeros copos percibiremos tu presencia, que ya será eterna e inmortal.

Buen viaje, Nevada.

martes, junio 14, 2011

Adiós, manzana, adiós



Los que vivimos en una gran ciudad como Madrid hemos perdido la perspectiva de lo que pasa en el mundo. No me refiero a los conflictos de Siria y similares, sino a lo que pasa en la calle, en nuestros barrios. Es cierto que podemos apreciar lo cambiada que está la Gran Vía, la cantidad de cines y teatros, y cafeterías, y tiendas que ya no están; pero el cosmos se comprende mejor si cogemos un trocito y lo analizamos en el microscopio.

Estos días he vuelto a mi Sanse post-natal para acabar un trabajo. Anoche me acosté tarde y esta mañana he decidido ir paseando hasta Alcobendas para desayunar en el Vips que tantos cafés me vio tragar durante mi juventud. Los que conozcan la zona sabrán que el estandarte que ondeó durante años sobre aquella parcelita del norte de Madrid era una gran manzana roja que pendía (y daba nombre) al centro comercial donde jóvenes y mayores nos dábamos cita cada fin de semana para hacer compras, ir al cine o degustar un menú Big Mac o unos sandwiches de Rodilla. Algunas de estas cosas se pueden seguir haciendo, pero hoy me he enterado de que el sitio ya no se llama La Gran Manzana, sino Dolce Vita. De hecho, la manzana ya no está.

Hace ya bastante tiempo que los antiguos cines (en los que fui testigo, entre otras muchas cosas, del hundimiento de DiCaprio en el Atlántico Norte) albergan un gimnasio, y hoy me he entristecido al comprobar que la librería que inauguraron hace no demasiado tiempo, se ha convertido en un local vacío. Lo mismo que la tienda de revelado de fotos a la que –dinosaurio que es uno- solía llevar mis películas en Súper 8. El resto es una sucesión de tiendas de ropa y de telefonía móvil, perfumerías, peluquerías y un herbolario. Casi hasta me ha hecho ilusión entrar en Eroski y ver todos esos cargamentos de libros de bolsillo compitiendo en sus estantes con los videojuegos y las fundas para Blackberry.

Luego he salido a la calle y me ha sorprendido ver la cantidad de bares y librerías que ya no existen. Y también la invasión de tiendas de informática que parecen multiplicarse cada pocos metros.

Viendo esto, uno se da cuenta de que en esta sociedad tendemos cada vez más a lo técnico, a lo físico, a lo aparente. Abundan las aplicaciones, los accesorios, las carcasas. Vamos a lo vistoso, a lo rápido, a lo manejable. A lo de fuera.

Decía Billy Wilder que algún día no hará falta equipo técnico para hacer una película, que un ordenador se encargará de la filmación, de la luz, del montaje... Incluso los actores serán criaturas infográficas. Sin embargo, veía imprescindible que alguien aportara el "qué", la historia, el contenido. Sin ello, todo lo demás carecía de valor y de objeto.

Hoy, paseando por Sanse y Alcobendas (que son parecidos, pero no lo mismo) he estado pensando en ello. Y en que cada vez (y disculpen que vaya a mi terreno) se necesitan más informáticos, diseñadores gráficos y programadores, y menos guionistas, redactores y creadores. Esto dará lugar, si no lo ha dado ya, a un grado de perfección técnica que no estará a la altura de lo que nos venden. El 3D mola, pero la grandeza de Up o Toy Story 3 no está en verlas con gafas, sino en unas historias que conectan con los sentimientos de la gente. Son películas que funcionan en 3D, en 2D o contadas por un rapsoda en la plaza del pueblo. El resto no es más que un adorno.

Vivimos en un mundo de continentes sin contenido. Nos están vendiendo un hardware sin software.

La Gran Manzana ha muerto y se ha reencarnado en Apple.

jueves, mayo 26, 2011

Cómo no publiqué mi segundo libro



Hace algo menos de tres años, en este mismo blog, expliqué cómo había logrado publicar mi primera novela. La crónica completa de ese acontecimiento que marcó un antes y un después en mi vida (no así en la historia de la literatura) podéis encontrarla aquí y aquí.


Hoy, en parte motivado por las cuestiones que me plantean algunos de mis alumnos del Taller de Carmen Posadas y en parte porque me apetece, me disponía a explicar cómo conseguí publicar la segunda. Pero entonces he reparado en que estaría faltando a la verdad y que esta saga estaría incompleta si no introdujera este capítulo a modo de entremés que, con tanto acierto como escasa inspiración, he titulado: "Cómo no publiqué mi segundo libro".


Y es que, en contra de la popular creencia de que una vez que has metido la cabeza en el mundillo el éxito es imparable, la verdad es mucho más dura. A no ser que tu primer libro tenga un éxito arrollador, lo cierto es que publicar el segundo te va a costar tanto o más que el primero. Esto es así porque si tu primer libro ha tenido un éxito modesto, bajo o nulo, el editor que sacó el primero ya no va a apostar tan fuerte por ti. A no ser, claro, que vea en esta segunda criatura una gallina de huevos de oro que, ni por asomo, adivinaba en la primera. Pero ya te digo yo que eso no es lo habitual.


"La Isis dorada" no fue un pelotazo, pero tampoco un fracaso total. Vendió toda la edición, hizo amigos, lo publicaron en Italia y cosechó buenas críticas. Estoy seguro de que si las condiciones editoriales hubieran sido otras (ver primeras entregas de esta serie de posts) la cosa habría ido mejor. O quizás no, pero un escritor debe darse ánimos a sí mismo. No hay actividad más solitaria, así que si no nos basta nuestro autoconsuelo, apaga y vámonos. El caso es que, emocionado por las muestras de cariño y entusiasmo de mis lectores, no tardé mucho en ponerme a trabajar en la segunda aventura protagonizada por Jaime Azcárate, que con el título de "Donde nacen los milagros" llevaba a nuestro héroe a tierras de Segovia en busca de una reliquia bíblica relacionada con los santos eremitas que en tiempos habitaron aquella región.


Como es lógico, cuando estuvo acabada lo intenté en la misma editorial que había publicado La Isis, pero no recibí demasiada atención. Los directivos del sello habían cambiado y ahora se trataba de impulsarlo en otra dirección, por lo que las novelas de un joven y desconocido autor no eran en ese momento prioridad para nadie.


Mi gozo en un pozo.


Lo intenté entonces por otras vías, pero los resultados fueron idénticos. Como dato curioso cabe decir que una reputada (en ambos sentidos) editorial especializada en novela de género, se interesó por el manuscrito. Pocos meses después fue a la quiebra. Aun a día de hoy sigo pensando que menos mal que no llegué a tratar con ellos o habría creído que fue por mi culpa.


Por esas fechas, un amigo mío, prestigioso autor de best-sellers internacionales y ganador de un importante premio literario, me hizo el honor de leer "La Isis dorada" y recomendarme a su agente, una de las más grandes de España. Fue sorprendente con qué rapidez esta mujer se puso en contacto conmigo y me pidió que le enviara toda mi obra (la publicada y la inédita), pero aún más sorprendente fue cómo, en cuestión de pocas semanas, consiguió un contrato de publicación para "Donde nacen los milagros"... ¡en una de las editoriales que la había rechazado! Ese día me pareció que la vida era el juego más fácil del mundo.


Pero cualquiera que esté leyendo estas líneas sabe que no lo es. Y yo fui testigo de ello cuando, a pesar de haber firmado el contrato y cobrado el anticipo (el anticipo... ¿recuerdan aquellos tiempos?), la primavera dio paso al verano, éste al otoño, llegó al fin el invierno, otra vez la primavera... en fin, que el ciclo se repitió y no hubo ninguna señal de que el libro fuera a salir a la venta. Contrariados por la falta de información por parte de la editorial, mi agente y yo decidimos rescindir el contrato y recuperar los derechos.


"Donde nacen los milagros" volvía a quedarse huérfana.


Durante un par de años la novela ha estado en coma, dentro de un cajón (bueno, de un disco duro), durmiendo el sueño de los justos. Pero, por antojos del destino, no hace mucho ha regresado al despacho del editor que la rechazó, la aceptó y nunca la publicó. ¿Será esta la oportunidad definitiva de ver de nuevo a Jaime Azcárate en acción o su reinado de improbables aventuras se inició y culminó con "La Isis dorada"? Quizás algún día tengamos la respuesta.


Sin embargo, aproximadamente en mitad de los acontecimientos arriba narrados, ocurrió algo extraordinario: conseguí publicar (ahora sí) mi segundo libro.


Pero de eso hablaremos otro día.

miércoles, mayo 18, 2011

AZARES LITERARIOS



No hace mucho tiempo, le envié a mi editora de Espasa el manuscrito de una novela que había escrito con el fin de que le echara un vistazo y me diera su opinión. Ella, solícita y amable como es, comenzó su lectura, pero me confesó que tuvo que abandonarla a la mitad porque entre medias se le había cruzado una de César Mallorquí que requería toda su atención. Obviamente, el tal Mallorquí me cayó como un tiro, pero lo acepté con resignación. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Algunos meses después, la misma editora tuvo el detalle de regalarme un ejemplar de la novela de Mallorquí, titulada "El juego de los herejes". Y debo reconocer que disfruté enormemente con su lectura, pues me dio a conocer a un autor con el que comparto ciertas inquietudes e intereses: el género negro, el humor costumbrista, los misterios paganos y religiosos, etc. Investigando un poco más, tuve conocimiento de que César Mallorquí, aparte de hijo del creador de El Coyote, es un consumado autor de literatura juvenil, y dado que mi agente me repite con frecuencia que debería volcar mi energía creativa en esa dirección, decidí seguirle la pista, lo que me llevó a adquirir una extraña, fascinante y divertidísima novela titulada "El viajero perdido", cuya lectura recomiendo a jóvenes y adultos.


Pues bien. El domingo pasado, como tenemos por costumbre, mi futura y yo salimos a dar un paseo por Madrid y, como no podía ser de otra manera, yo lo hice con este libro en la mano, pues aún no había finalizado su lectura. En un momento determinado pensé en lo mucho que me gustaría coincidir algún día con César para comentarle lo mucho que me interesa su obra y los buenos ratos que ésta me hace pasar. Hasta ahí todo normal. Desde que empecé en esto de la escritura he tenido la suerte de conocer y tratar a numerosos autores a los que admiro, por lo que tampoco estaba pidiendo la luna. Lo curioso del asunto es que, tras el paseo dominguero, mi futura y yo decidimos ir al cine a ver la última película de Woody Allen. Mientras ella se ocupaba de unos asuntos cuya naturaleza está vedada a los novios, me dirigí a sacar las entradas para la sesión de las ocho. Y en el vestíbulo del cine, me encontré con César Mallorquí.


Supongo que se me caería la mandíbula al suelo, pero, aunque intercambiamos una breve mirada, él no debió de preocuparse mucho por ese joven barbado que lo observaba perplejo, pues se limitó a bajar las escaleras que conducen a las salas dispuesto a disfrutar de su película, cualquiera que esta fuese. Eran las seis de la tarde.


Casi dos horas más tarde nos cruzamos de nuevo, él saliendo y yo entrando. Mi timidez y la lógica sensación de que aquello no podía estar ocurriendo realmente me impidieron decirle nada, pero esa misma noche le escribí un correo electrónico a la dirección que aparece en su blog. Y, en efecto, al día siguiente me respondió que sí, que había estado en esos cines a esa hora para ver la última película de Woody Allen; y añadía como cita que "el azar es la única fuerza de la naturaleza con sentido del humor".


Razón no le falta, porque a esa sorprendente casualidad empecé a sumarle factores que la convertían en un auténtico fenómeno paranormal indudablemente urdido por el destino. Y digo esto basándome en el hecho de que la película que vimos (él a las 18:00 y yo a las 20:00) trata sobre un escritor que una noche coincide con sus autores favoritos; con la particularidad de que esos autores pertenecen a una época pasada. ¿No es sumamente raro que yo, Jorge Magano, escritor, coincidiera en el mismo lugar con César Mallorquí, escritor favorito, en la misma sala pero en tiempos diferentes?


Sigo pensando en ello: en si el destino (tema central, por cierto, de la novela de César) tuvo algo que ver o si todo responde a una feliz casualidad.

Sea como sea, esta curiosa anécdota sazonada de teorías paranoides y conspiratorias, me acompañará ya durante el resto de mi vida. Que no es poco.

jueves, marzo 10, 2011

De frikis y gafapastas


Cuando era más joven, teníamos un programa de radio en el que mis amigos y yo hablábamos de cine.

Todos los fines de semana –y muchos días laborables– los pasábamos en la sala oscura. Digo “sala oscura” porque nos daba igual filmoteca, que multicines, que grandes locales que antes fueron teatros y ahora vuelven a serlo... si es que tienen la suerte de sobrevivir. El caso es que veíamos de todo y en todas partes.

Íbamos a ver Godzilla con la misma alegría con que nos metíamos a Rompiendo las olas, y nos aburríamos igual con las dos. Pero habíamos disfrutado mucho con Independence Day y más tarde vimos Dancer in the dark, que nos fascinó, por lo que estuvimos mucho tiempo sin saber si Roland Emmerich era mejor que Lars von Trier o viceversa. Al final decidimos que los buenos eran Billy Wilder (que aún seguía vivo) y Ridley Scott (que aún hacía buenas películas), por lo que se acabó la discusión.

A veces íbamos a ver la tercera entrega de Arma letal y salíamos echando pestes. Otras veíamos una de Paul Verhoeven que no estaba mal. Otras decidíamos meternos a una comedia romántica porque tenía la firma de Rob Reiner. Y, alguna vez, nos salíamos del cine cuando Demi Moore se quitaba la ropa. En una ocasión descubrimos a un realizador muy original que había hecho una película sobre unos ladrones encerrados en un almacén. El tío se llamaba Quentin Tarantino, y nos costó aprendernos el nombre. Pero al final nos lo aprendimos y lo utilizábamos en nuestras conversaciones cotidianas. Y los diálogos de la película, ya de paso, también. ¿Sabes de qué va Like a Virgin?

En el local de la radio hacíamos ciclos de cine y proyectábamos películas como Blade Runner o Una noche en la ópera. Como Un pez llamado Wanda o Ultimátum a la Tierra. En casa hacíamos maratones de Star Wars y de Woody Allen. Y en la videoteca nos tragábamos ciclos de Hitchcock, Welles, Wilder, Capra y Lubitsch. Al salir, hablábamos sobre ello. Leíamos libros y biografías de directores. Escuchábamos a Pumares por las noches. Y comprábamos el Fotogramas cada mes.

También íbamos a ver clásicos a la filmoteca, y nos quedábamos sin entradas para El hombre tranquilo o nos atracaban tras salir de ver La costilla de Adán. No nos perdíamos ningún estreno importante, casi siempre en versión doblada, aunque de vez en cuando nos íbamos de excursión a la capital (sí, vivíamos en municipios circundantes) y veíamos joyas en versión original. O las últimas de Disney, que para el caso es lo mismo. Cuando habíamos visto todos los estrenos importantes, íbamos a ver películas que no conocía nadie. A veces nos alegrábamos. Otras, no.

Montamos un festival de cine al que asistieron Juanma Bajo Ulloa, Álex de la Iglesia, Santiago Segura (antes de Torrente), Javier Fesser (antes de Petinto) o Jaume Balagueró. Pasábamos horas viendo todo lo que nos echaban. Y cuando salíamos, nos íbamos a tomar un café o una copa y hablábamos de si el Batman vuelve de Tim Burton era una maravilla o una porquería, o de si el salto de eje de La diligencia estaba premeditado, o de si Pierce Brosnan era mejor Bond que Timothy Dalton, o de que si el mcguffin era algo más mítico que real.

Cuando no estábamos en el cine, escribíamos guiones y rodábamos cortos. Éramos gente extraña, pero formamos un buen grupo. Con algunos mantengo el contacto. De otros nunca más se supo.

No sabíamos lo que era un screening, ni un streaming. Grabábamos las películas de Cineclub en VHS y las veíamos al día siguiente. Y descargarse una foto de Tracy Lords (con o sin ropa) llevaba una eternidad.

En esa época no había frikis ni gafapastas, o, si los había, no se les llamaba así. A nosotros nadie nos llamaba frikis ni gafapastas.

A nosotros nos gustaba el cine.




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viernes, febrero 18, 2011

MÁSCARAS


En Balada triste de trompeta, la última película de Álex de la Iglesia, dos bandos se enfrentan a muerte en una España dividida y dos payasos (el triste y el tonto) hacen lo propio por el amor de una trapecista. En otra de sus películas, Muertos de risa, dos cómicos se enfrentan también a muerte, avivados por los celos, la envidia y la incapacidad para compartir el éxito. Si nos remontamos a los orígenes del cineasta, descubriremos que en Acción mutante dos hombres desfigurados se enfrentaban a muerte por venganza, dinero y el amor de una niña pija con inquietudes marxistas. Resulta evidente, por tanto, que hay dos temas recurrentes en el cine del ya casi ex presidente de la Academia: los individuos anómalos y marginales, y la divergencia de intereses resuelta con violencia.

Estos días hemos asistido a un espectáculo con el sello De la Iglesia. Dos facciones claramente enfrentadas, apasionada violencia verbal en las redes sociales, individuos con máscaras y narices rojas en alfombras del mismo color, y la imposibilidad de conciliar esas divergencias. Desde uno de los frentes (el menos numeroso), creadores, empresarios y políticos meten el miedo en el cuerpo al personal con palabras como “juez”, “cierre”, “piratería”, “desempleo” y otros horrores. Desde el otro frente se ondean insignias como “libertad”, “democracia”, “fin de los abusos”, etc. Unos piensan que lo bueno se acaba; otros que lo bueno empieza ahora. Si nos dejan. Ambos tienen razón y ambos se equivocan, y sobre todo, los dos elaboran sus premoniciones basándose en la mera hipótesis. Porque la verdad es esa: con ley o sin ley, nadie sabe con certeza lo que va a ocurrir.

Se ha hablado mucho de si Internet y las descargas favorecen o perjudican al creador. En realidad, el creador no le importa a nadie... excepto al creador. El empresario quiere mantener su modelo de negocio y que éste vuelva a ser rentable; el consumidor (la Humanidad al completo, vaya) que le ofrezcan contenidos de calidad del modo más sencillo y barato posible. Mientras las balas silban, el autor tiene dos opciones: resignarse a ver qué pasa y seguir trabajando como si no fuera con él la cosa, o luchar en uno de los dos bandos. Si apoya a “los de la ley” porque piensa que así mantendrá sus ingresos y su estatus, se enfrentará a su público y a la mucha o poca popularidad que haya recogido durante su trayectoria le saldrá un prefijo im delante que no le beneficiará en nada. Si apoya a los de la máscara para contar con el respaldo de la mayoría, puede que le funcione, pero quizás esté recibiendo la peor de las traiciones: la que uno se inflige a sí mismo.

Si ha llegado hasta aquí, imagino que querrá saber si este es un artículo en contra o a favor de la ley Sinde (vamos, reconózcalo, no pasa nada). Pues siento decepcionarle, porque nadie me ha pedido mi opinión. Ni siquiera sé si la tengo, pero el ambiente que se vive en la calle y en la red (que es como la calle, pero mucho más activa) invita a la reflexión; así que me he obligado a pensar en ello brevemente y al final he optado por la prudencia en vez de por la defensa apasionada de algo que aún no sé qué es. Les cuento: sé que la red se ha convertido en el establecimiento de contenidos más grande del mundo, y que millones de personas recurren a él para conseguir música, cine y lectura. Yo no. A mí (y subrayo el “a mí”) no me importa que cierren una página desde la cual uno se puede bajar series de televisión, películas o la discografía completa de John Lee Hooker. A mí me importó que cerraran Madrid Rock y las tiendas de discos de la calle Tres Cruces, pero reconozco que esa es una cuestión de costumbres y sensibilidades.

Por otro lado, llevo cinco años poniéndome y quitándome la máscara de novelista. Pero también la de guionista, la de contertulio, la de articulista, la de tutor de taller literario y otras que me reservo para mí. Todas ellas me permiten vivir haciendo lo que me gusta; a veces con más holgura, otras con apreturas, como todo hijo de vecino en estos tiempos que corren (y nos corren a gorrazos). Con esto quiero decir que no vivo de escribir y publicar novelas (¿quién lo hace?), y por tanto no pertenezco al sufrido grupo de autores que temen perderlo todo por culpa de la libre circulación de sus obras por la red. Las mías están, y me sorprende. Es más: hasta me hace ilusión. Principalmente porque algunas no están en las tiendas, y soy de los que piensan que es mejor que te lean a que no te lean.

No quiero engañarme ni engañar a nadie. Para ganarme la vida, ya tengo las otras máscaras. Si es la de payaso triste o la de payaso tonto, dependerá de la ocasión.

viernes, diciembre 24, 2010

MARISCO CONGELADO


A las nueve de la mañana, la fila llega hasta la esquina de la calle Maldonadas, en el barrio de La Latina. Una señora dice que ya había gente a las seis y media. El sol se asoma a las calles aledañas, pero la nuestra permanece en sombra, contribuyendo a la congelación general de brazos y piernas, al moqueo constante y al frotamiento de manos de las docenas de personas que han madrugado como cada año para conseguir marisco del bueno al mejor precio. Un joven con patillas de hacha dice que no es tan barato. Un señor canoso que lee un libro de Stephen King en inglés y fuma un purito tras otro señala que el secreto está en la forma de cocerlo. Una chica con las uñas pintadas de rojo reconoce que es su primera vez, pero que su chico y ella cenaron el año pasado en casa de unos amigos y quedaron encantados con la calidad del marisco, así que este año han decidido aprovisionarse en el mismo sitio que ellos.

Las tres horas de cola se hacen duras, pero me entretengo dejando que las historias de la gente que tengo a mi alrededor me envuelvan como una agradecida manta. Yo soy nuevo, pero Laura ya ha hecho esto otras veces. Este es su antiguo barrio, y para ella y su familia era una práctica habitual, aunque hoy dice que hay más gente que otras veces. “Antes había más cafeterías, y negocios familiares. Ahora son todo tiendas de chinos”. Como para ilustrar esta sentencia, pasa un BMW deportivo conducido por una mujer china. La mirada de Laura se empaña de nostalgia al recordar a su abuela. Los ausentes siempre están presentes en estas fechas, y más si su presencia fue tan importante, necesaria e influyente como la de la abuela de Laura. A nuestro lado, una niña de ojos tímidos y sonrisa callada se resigna a pasar frío dentro de sus botas altas mientras su abuela nos cuenta que viene de la otra punta de Madrid sólo para conseguir marisco para sus nietos y su yerno. “Yo no lo como, pero a ellos les encanta”.

La cola avanza lenta, al ritmo del vaho que sale de nuestras bocas. De vez en cuando alguien pide que le guarden el sitio y entra en una cafetería para calentarse las manos y el estómago con un café o un té. Cuando Laura se acoge a este necesario recreo, yo me quedo en la fila y aprovecho para echarle un vistazo a El País, y me entero de que Gabilondo se ha ido de CNN + (y CNN + también), de que a Javier Bardem le han pagado una pasta por escribir un artículo en contra del rechazo de la Ley Sinde, de que en Roma han explotado unos paquetes bomba y de que entre los mejores libros del año no hay ninguna novela negra. Laura vuelve con unos guantes que ha comprado en una tienda de chinos ubicada en el local que antes albergara una mercería. Al poco, el encargado del cocedero sale a darnos la mala noticia: “Sólo quedan cien kilos de marisco”. “¿No hay cigalas?”, pregunta con tristeza la niña de ojos tímidos. Laura quiere un buey para su madre, recién operada, pero estos están a punto de seguir los pasos del centollo, extinto en el escaparate desde hace varios minutos. Algunos desertan, pero la mayoría aguantamos, inasequibles al desaliento, al frío, al dolor de pies y a la incertidumbre: ¿quedará algo cuando por fin nos toque? Nadie nos lo asegura.

Ya tocamos el escaparate. La gente teme que el gitano del abrigo hasta los pies arramble con las pocas nécoras que quedan. Pero no. El gitano está de luto, y este año sólo gastará 50 euros. El año pasado gastó 400. Ya estamos casi dentro. Laura necesita otro café, así que me quedo en la cola. Observo a la abuela, que se queja del frío, y a la nieta, que no se queja, pero expresa con su triste silencio su pesar por la ausencia de cigalas. Entonces pienso en Laura y en su abuela, y en el orden cíclico de las cosas. Algún día esa abuela no estará, y la niña será abuela, y quizás vaya con su nieta a comprar marisco el día de Navidad, y alguna antigua nieta se acuerde de su abuela, y su mirada se empañe.

Laura regresa y noto en su expresión la huella de algo que ha pasado. Me cuenta que, cuando salía de la cafetería, se encontró a un hombre llorando. “¿Está bien”, preguntó ella. “No. Es Navidad y mis padres murieron este año. Siempre venía con ellos a comprar marisco. Y ahora... Creo que ha sido una mala idea venir aquí, pero...” El final de su discurso se funde en una serie de incontrolables sollozos. Laura pregunta si puede hacer algo por él. “No”, pero enseguida rectifica: “Quizás una sonrisa tuya...”. Laura le regala una sonrisa, y sé por experiencia que la sonrisa de Laura es capaz de sanar la herida más honda.

Llega nuestro turno. Pedimos lo que podemos (ya no queda casi nada) y deseamos feliz noche a los que aguardan detrás de nosotros. Todos ellos son ya parte de nuestra Navidad, igual que nosotros lo somos de la suya: la abuela y la nieta, el joven de las patillas, la chica de las uñas rojas, el lector de los puritos. Y también un joven desconsolado que quizás esta noche recuerde la sonrisa de Laura. Mientras escribo estas líneas, yo también la recuerdo.

Feliz Navidad a todos.

miércoles, octubre 20, 2010

PARADOJA HOSPITALARIA

Alfonso murió con treinta y un años. Daniela con noventa. Se encontraron en el cielo y entre ellos surgió la amistad. Entre charla y charla, llegaron a la conclusión de que habían sido vecinos. Alfonso estaba en la habitación 317 cuando su corazón dejó de latir. Daniela en la 122 cuando vio por primera vez la luz del mundo.

jueves, octubre 14, 2010

ORGULLO FRIKI


¡Jolgorios y cuchufletas!

Tiene ya unos cuantos días, pero hoy me he enterado de que Javier Cercas publicó en El País un aleccionador artículo titulado Teoría del friki que ha supuesto una revolución en el uso que el común de los mortales (y especialmente la clase privilegiada) lleva tiempo haciendo del término.

Por fin, frikis y frikesas que del mundo hemos sido, nuestra tan gozosa como sufrida condición tiene un ideólogo cabal y respetado entre la élite intelectual que piensa que la cultura “seria” (y me quedo corto poniendo comillas) comprende sólo el cine minoritario, la literatura cerebrada de inextricable complejidad y la música de genios capaces de vender a su madre con tal de tocar para el monarca o el pontífice de turno.

El artículo en cuestión confina a una mera categoría de friki a aquellos respetables trabajadores, muchos de ellos padres o madres de familia, que, en su tiempo libre, van a convenciones o reposiciones de Star Wars o El señor de los anillos vestidos de Bobba Fett o Bilbo Bolsón respectivamente, y lo amplía sabiamente para sacarlo del geto subcultural en que lleva tiempo encerrado atribuyendo tal denominación a personajes tan respetados (e incluso respetables) como don Miguel de Unamuno, don Miguel de Cervantes, don Mariano José de Larra, don Gonzalo Suárez o don Juan José Millás, por poner sólo unos ejemplos. Lo mejor es leer el artículo (¿qué haces que aún no lo has leído, pedazo de friki?), pero desde aquí queremos dar las gracias a don Javier Cercas por intentar ampliar la mirada de aquellos que creen que un friki es aquel ser descerebrado que nació con los mandos de una PS3 en las manos o que no sabe hablar de otra cosa que no sea la problemática del paisajismo arquitectónico de Gotham City y su repercusión en los hombres murciélago.

En una de mis novelas inéditas un personaje dice: “Un friki es un intelectual con universo expandido”. Y, modestia aparte, tiene razón. El mismo Fernando Trueba reconoce que no entiende a aquellas personas que, interesadas por un tema o un artista, no se desviven por intentar encontrar, contemplar o conocer todo lo referente a ese tema o a ese artista. El friki es apasionado hasta la obsesión; un ejemplo de fidelidad y solidez como pocos en este planeta; un ser intertextual con infinitas ramificaciones y, por tanto, ilimitadas posibilidades conversacionales. Un tipo peculiar, vaya, con una concepción del mundo tan extravagante como extraordinaria.

¿Alguna vez ha jaleado a su líder político favorito cuando éste ganó unas elecciones? ¿O ha sentido que le subían los calores y los colores cuando alguien criticó a ese mismo líder? ¿Ha hecho más de una hora de cola para ver a su grupo o cantante preferido en directo? ¿Para ver una exposición sobre tal o cual movimiento artístico? ¿Para que su escritor predilecto le firmara un libro? ¿Ha salido a la calle con los colores de la bandera de España para animar a la selección? ¿Va al gimnasio con frecuencia y mira en Internet para qué sirve cada ejercicio? ¿Le van las dietas saludables y se interesa por saber lo que come? ¿Va a misa los domingos? ¿Lleva una estampa de San Francisco de Asís en la cartera? ¿Un llamador de ángeles al cuello? ¿Ha pedido en la peluquería que le dejen el pelo como tal actor o tal actriz? ¿Va a ver las películas de Woody Allen el mismo día del estreno? ¿Busca en Wikipedia datos sobre su cantante de blues o rock favorito o su director de cine de cabecera?

Si ha respondido que sí a alguna de estas preguntas, laméntese: es usted un friki. ¡Y a mucha honra!

martes, octubre 05, 2010

EXCLUSIVA INTERPLANETARIA

La noticia ha saltado estos días: un grupo de científicos ha descubierto un planeta cuyas características, muy similares a las de la Tierra, lo capacitan para albergar vida.

El planeta en cuestión ha sido bautizado con el nombre de Gliese 581g y ya existen grupos de fanáticos que ven en su conquista (o en el contacto con sus hipotéticos habitantes) la única esperanza que le queda a la Humanidad.

La noticia en sí es estimulante, pero eso no es nada. Este humilde bloguero ha accedido a un documento impresionante que demuestra que los habitantes de Gliese 581g (Scxilla en lengua vernácula) ya tenían conocimiento de la existencia de nuestro planeta antes de que aquí los avistáramos por primera vez (si es que siempre somos los últimos en todo, copón).

A continuación, la transcripción literal de la noticia, contenida originalmente en una onda portadora procedente del espacio exterior que quedó registrada, nadie sabe cómo, en el buzón de voz de un Nokia sin batería.



El Correo de Scxilla. Edición mediodía. Día 534 del Sexto Mes de la Era Urut.

DESCUBIERTO PLANETA HABITADO FUERA DE NUESTRO SISTEMA


Un equipo de astrónomos ha descubierto un planeta extrasolar con un radio un 50% menor que el nuestro y compuesto en su mayor parte por agua y chapapote. Empleando un potente telescopio, el grupo de científicos ha hallado este mundo cuya masa es aproximadamente cinco veces inferior a la de Scxilla. Además, los astrónomos también han encontrado importantes evidencias de vida en la superficie del planeta.

El prestigioso doctor Xcragia Wlsfjjër, de la Universidad de Brngn, hizo ayer públicas sus conclusiones, las cuales son la mar de inquietantes:

“El planeta, al que hemos llamado Barrutino 69 porque nos ha salido de los huevos, gira en torno a una estrella enana en 365 días (incluyendo festivos) y se encuentra 14 veces más lejos de ésta de lo que Scxilla se encuentra de nuestro Sol. La superficie varía entre líquida, sólida y mugrienta. Su atmósfera se compone de una mezcla de agujeros de ozono y CO2, lo que a priori hacía inviable la vida en ella. Pero nos equivocamos.







Un estudio más minucioso llevado a cabo por sondas scxillanas ha revelado que, sin lugar a dudas, el planeta está habitado. ¿Vida inteligente?, se preguntarán ustedes. Aún lo estamos decidiendo, pero saquen sus propias conclusiones a partir de los datos que hoy hacemos públicos:


- Su sistema político es complejo, y consiste en que sólo se presentan candidatos incompetentes y la gente les vota.


- Muchos de los habitantes de este planeta no saludan a sus vecinos, pero tienen miles de amigos en una computadora.


- El máximo galardón de la Paz está en manos de un alienigena que acababa de enviar a otros 30.000 alienígenas a atacar otro país.


- Son grandes aficionados a robar el trabajo ajeno, actividad a la que llaman “derecho a la cultura”.

- Cuando once alienígenas vestidos de rojo ganaron a otros once vestidos de naranja, la gente salió a la calle sintiéndose orgullosa de la bandera de su país. Pocos días después (al igual que pocos días antes), esa misma bandera era símbolo de imperialismo, dictadura y represión.

- Hablan muchísimas lenguas distintas, en la mayoría de los casos para comunicarse, pero en una zona concreta que llaman “Estado español”, lo hacen para incomunicarse y evitar que el vecino les entienda.

- En ese mismo Estado Español hay diversas lenguas, pero predomina una, oficial y más extendida. Nuestros científicos han identificado algunas palabras como: “jar”, “comor”, “torpedo” y “alataqueeeeer”.

- Prefieren pasar las noches viendo cómo se reproducen otros en lugar de reproducirse ellos.

- Son unos entusiastas de espectáculo y el buen humor: montan huelgas generales, debates parlamentarios y elecciones primarias de broma con el fin de divertir a la ciudadanía.

- Cada territorio está gobernado por un falso líder que en la práctica no tiene ningún poder. El pueblo sólo sigue los dictados de un alienígena supremo con capacidad de influir en toda la población, al que veneran y adoran como un ser superior. Su nombre es Belenesteban.

Tras analizar minuciosamente este informe, el gobierno de Scxilla hace una petición urgente a todo el planeta y apela a su discreción con el fin de que nunca, jamás, en la puta vida, los habitantes de Barrutino 69 lleguen a descubrir nuestra existencia. ¿Qué? ¿Cómo dicen?... ¡Mierda!"

Fin de la transmisión...

lunes, junio 14, 2010

El campeador inmortal


En La loca de la casa, Rosa Montero reconoce que la primera vez que tuvo conciencia de que la muerte existía fue a los cinco años. Estaba leyendo El gigante egoísta, de Oscar Wilde, cuando al mirar la solapa del libro descubrió que ese señor que tan buenos ratos le estaba haciendo pasar había muerto mucho antes de que ella naciera. Y aun así ahí estaba, contándole su cuento. Haciéndola disfrutar.

Recuerdo que algo parecido me pasó a mí en mi primera visita al Museo de Cera de Madrid. En una gran sala, creo recordar que cerca del tiovivo, estaban los clones de los tres hermanos Marx. Ya desde niño me gustaban sus películas. Simpatizaba con el divertido y tierno Harpo; me divertían las argucias de Chico y su virtuosismo con el piano; pero sobre todo admiraba la labia, el desparpajo y la anarquía de Groucho, cuya actitud ante la vida me preocupé de intentar imitar hasta que la maldita lucidez me enseñó que el guión de la existencia es mucho más aburrido y estricto que el de esas alocadas comedias donde todo era posible.

Fue en casa, hojeando el catálogo del museo, cuando comprendí que ese señor, cuyo verdadero nombre era Julius, había muerto en Los Ángeles el 19 de agosto de 1977, lo que significaba que su existencia y la mía habían coincidido en el tiempo durante casi un año. Eso me hizo reflexionar, y el resultado de mis reflexiones me enojó con el mundo. ¡Un año! Durante un año tuve la posibilidad de haber conocido en persona a Groucho Marx, pero él tuvo la nefasta idea de morirse demasiado pronto. Recuerdo que no se lo perdoné durante años, aunque el tiempo me indicó que era injusto echarle a él toda la culpa. Después de todo, ¿cómo iba un niño de menos de un año a viajar a Los Ángeles sólo para conocer a un señor enfermo cuya existencia (y posterior influencia) ignoraba por completo?

En fin, que Julius murió y yo me hice mayor con sus películas, sus libros y su bigote. Gané un concurso en el carnaval del cole por disfrazarme de él, superé la incómoda convalecencia de una operación que se complicó gracias a sus guiones radiofónicos, y aún reviso con asiduidad el impagable legado cinematográfico que nos dejó, que no es sino una lección de actitud positiva y crítica ante la vida.Por eso no tiene importancia que aquel viejo y ese bebé no llegaran jamás a conocerse. Groucho, al igual que Oscar Wilde, siguió haciendo reír, pensar y disfrutar incluso después de muerto.

Para que luego digan del Cid.

miércoles, marzo 17, 2010

BALANCE Y CAMBIO DE MARCHA

Si ustedes recuerdan, dejamos al protagonista de este blog, que casualmente es el creador del mismo y, a su vez, el que escribe estas líneas, iniciándose en el apasionante viaje de los guiones televisivos. Pues bien, hemos de anunciar que la fase uno ha sido superada. El guión está donde le corresponde, a la espera de que el implacable lápiz rojo de esa figura tan temible como necesaria que es el coordinador de guiones, ejecute su cometido... siempre por el bien del espectador, el producto y los anunciantes, por supuesto.

Llegado a este punto, es el momento de relajarme y recordarme a mí mismo, y a los amables lectores que no tienen nada mejor que hacer que seguirme, los asuntos que dejé pendientes y los que aún estoy por emprender.

En estos meses han ocurrido muchas cosas; entre ellas que presentamos “El chico que no miraba a los ojos” en la Fnac de Callao. Este libro, por el momento, sólo me ha dado alegrías. Las críticas no pueden ser mejores. Ha superado las expectativas de los fans de “Hay alguien ahí” al tiempo que satisfacía a muchos lectores que, por despiste, amistad o bibliofagia, le han hincado el diente sin haber visto la serie en su vida. Es más, sin pretender verla e incluso vanagloriándose de ello. Por otro lado (siempre hay dos caras, que se lo digan a Batman), la discutible gestión de Cuatroº para con la serie, el bajo nivel de audiencia y los bailes en el horario de emisión, parece que pueden perjudicar las ventas del libro. Mi opinión me la guardo, pero pueden imaginar que no incluye arcoiris ni mariposillas revoloteadoras.

Como llevo ya mucho rollo soltado, ilustro el discurso con unas fotillos del evento.



Entre los demás acontecimientos, cabe destacar que hemos superado los 200 fans en Facebook (me han dicho que Stephen King y Belén Esteban tiene algunos más, pero me la refanfinfla); que unas encantadoras y emprendedoras periodistas han creado un blog promocional muy currado que lleva por nombre La mirada de Magano; y que mi novia y yo estamos a punto de cambiarnos de piso. ¿Adónde? Eso no lo voy a contar en este blog, pero si traen vino o pasteles, serán bien recibidos en nuestra nueva morada.

También debo decir que mi novela MUSEUM, que sigue dando vueltas por diversas editoriales, ha sido objeto de lectura y crítica por parte de una buena amiga y lectora, y que su veredicto no puede ser mejor. Por ese motivo no me resisto a reproducir aquí parte de su e-mail:

Bueno Jorge leído, y devorado, me ha gustado muchísimo, me ha resultado rápido y entretenido, original por el ámbito donde se desarrolla, bien escrito, buenos personajes y bien resuelto, con traca final. A mi has convencido totalmente , espero que no tarde en ver la luz....gracias por dejarme leerlo.

Gracias a ti, guapísima. Después de esto, tecleo con más ímpetu y con una sonrisa de oreja a oreja que amenaza con quebrarme la quijada.

Entretanto continúo llevando la tutoría de un par de talleres literarios en la Escuela de Escritura de Carmen Posadas y Gervasio Posadas y me dispongo a retomar un proyecto que dejé aparcado antes de ponerme con los guiones. Una novela que sorprenderá a propios y extraños, que divertirá y hará pensar. En definitiva, un libro que hará las delicias de todos; pero para ello, tengo que escribirlo.

Así que me voy a escribir.